
La Comisión Europea trabaja en la creación de su propia unidad de Inteligencia, una estructura que dependerá directamente de la presidenta Ursula von der Leyen y cuyo propósito, según fuentes comunitarias, sería «responder al panorama geopolítico y geoeconómico desafiante» que atraviesa la Unión.
Un portavoz del Ejecutivo europeo confirmó que la Comisión «examina cómo reforzar sus capacidades de seguridad e inteligencia» y que considera crear una unidad específica dentro de su Secretaría General, bajo control directo del gabinete de Von der Leyen. Por ahora, el proyecto se encuentra en fase de diseño y no existe un calendario definido para su puesta en marcha.
El equipo aprovecharía la experiencia interna existente y estaría orientado a coordinar la información estratégica de la Comisión a través de los denominados «colegios de seguridad», un formato impulsado por la propia Von der Leyen para tratar temas geopolíticos dentro del Colegio de Comisarios.
Desde Bruselas sostienen que esta nueva estructura no duplicará las competencias nacionales, sino que «complementará el trabajo del Centro de Inteligencia y Situación de la UE (Intcent)«, que ya funciona bajo el Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE) y agrupa datos suministrados por los Estados miembros.
Sin embargo, la iniciativa ha generado inquietud en varias capitales europeas, donde se teme que la Comisión intente concentrar funciones propias de los Estados en materia de seguridad e inteligencia, uno de los ámbitos más sensibles y reservados a la soberanía nacional.
La propuesta se inspira en las recomendaciones del expresidente de Finlandia Sauli Niinistö, autor de un informe sobre seguridad y preparación encargado por la Comisión hace un año. En él, Niinistö instaba a reforzar la cooperación en inteligencia «sin duplicar el trabajo de las agencias nacionales«, pero subrayaba que la presidenta comunitaria debía tener «toda la información posible sobre amenazas y crisis«.
«Algunos Estados envían información, otros no, y todo depende del grado de confianza entre socios», reconoció entonces el exmandatario finlandés, apuntando al principal obstáculo político de cualquier estructura de inteligencia común: la falta de transparencia y la desconfianza entre gobiernos y Bruselas.
La creación de esta nueva unidad, en la práctica, otorgaría a Von der Leyen acceso directo a información estratégica sobre seguridad, crisis y amenazas sin depender de los canales nacionales o del SEAE. Para sus detractores, se trata de un paso más hacia la construcción de un aparato tecnocrático europeo con poder político y de vigilancia propio, al margen de los Estados miembros y de cualquier control democrático real. Aún así, Bruselas justifica el proyecto en nombre de la «resiliencia europea«.