
La etapa de Christine Lagarde al frente del Banco Central Europeo (BCE) podría terminar antes de lo previsto. Los rumores sobre una salida anticipada de la francesa han alcanzado tal intensidad que los representantes de los trabajadores de la institución han reclamado formalmente explicaciones a la dirección, mientras las principales capitales de la eurozona ya comienzan a negociar quién ocupará uno de los cargos económicos más poderosos de Europa.
El mandato de Lagarde no termina oficialmente hasta el 31 de octubre de 2027, según el propio BCE. Sin embargo, distintas informaciones apuntan desde hace meses a una posible marcha anticipada, presumiblemente durante 2027, con el Foro Económico Mundial (WEF), organizador de la cumbre de Davos, como uno de sus posibles destinos.
La incertidumbre ha terminado llegando al interior de la institución. En una carta remitida al Comité Ejecutivo, el comité de personal del BCE ha reclamado «claridad» sobre las posibles transiciones en la cúpula, advirtiendo de que prolongar la incertidumbre puede perjudicar la confianza en las comunicaciones del banco central, generar inquietud entre sus empleados y dificultar la planificación de las reformas internas.
El movimiento afecta especialmente a Lagarde, pero no exclusivamente. La alemana Isabel Schnabel, miembro del Comité Ejecutivo, también ha sido relacionada con una posible marcha anticipada al Fondo Monetario Internacional, mientras que el mandato del economista jefe Philip Lane termina en mayo de 2027. Europa se encamina así hacia una de las mayores renovaciones de la cúpula del BCE desde la creación de la institución.
Una eventual marcha de Lagarde se produciría además en un momento decisivo para uno de los proyectos que más ha defendido durante su presidencia: el euro digital. La francesa ha situado públicamente el desarrollo de esta moneda digital emitida por el banco central entre las prioridades estratégicas de Europa. En junio de 2025 afirmó ante el Parlamento Europeo que «acelerar el progreso hacia un euro digital es una prioridad estratégica», y durante los últimos años ha vinculado repetidamente el proyecto a la autonomía financiera y monetaria de la Unión Europea.
Este mismo año Lagarde ha vuelto a defender el proyecto ante las críticas. En julio aseguró que el euro digital no sustituirá al dinero en efectivo y negó que pretenda permitir al BCE controlar los pagos de los ciudadanos.
El proyecto, sin embargo, ya trasciende a la propia presidenta. El Eurosistema continúa sus preparativos técnicos y el BCE contempla estar preparado para una posible primera emisión durante 2029, siempre que las instituciones comunitarias aprueben previamente el marco legislativo necesario. La decisión definitiva sobre si el euro digital llegará a emitirse corresponde al Consejo de Gobierno del BCE una vez exista esa legislación.
Por ello, la marcha de Lagarde no significaría automáticamente el final del euro digital, aunque supondría la salida de una de sus principales defensoras políticas en la etapa en la que el proyecto trata de pasar de los preparativos a su aplicación efectiva.
El nombre de Lagarde lleva meses circulando alrededor de la presidencia del Foro Económico Mundial. En agosto, Reuters recogió informaciones del diario suizo Neue Zürcher Zeitung según las cuales la presidenta del BCE había sido presentada durante una reunión del consejo de la organización como candidata potencial para dirigirla y habría asegurado estar «lista para servir».
Bloomberg informó asimismo de que el Foro continúa cortejando a Lagarde para ocupar el puesto y que la francesa estaría abierta a asumirlo una vez resueltas las tensiones internas surgidas tras la salida de Klaus Schwab. Lagarde forma actualmente parte del consejo de patronos del propio WEF.
La presidenta del BCE, por su parte, ha evitado confirmar una marcha. Preguntada de nuevo tras la última reunión de política monetaria, respondió que no tenía «nada que comunicar» sobre los rumores.
A las especulaciones se suma otro elemento: Lagarde publicará a finales de enero de 2027 su primera autobiografía, Lady First, escrita junto al periodista Marc Hujer. La obra repasará su trayectoria desde la política francesa y el Fondo Monetario Internacional hasta la presidencia del BCE.
Mientras Lagarde mantiene públicamente la incógnita, las capitales europeas han comenzado a preparar la sucesión. Reuters ha informado de que Francia estaría dispuesta a respaldar al antiguo gobernador del Banco Central de Países Bajos Klaas Knot para presidir el BCE a cambio de que un francés obtenga el estratégico puesto de economista jefe. El posible acuerdo cuenta, según las fuentes citadas por la agencia, con el respaldo de Emmanuel Macron, aunque previsiblemente encontraría resistencia en Alemania.
Entre los principales nombres aparecen también Pablo Hernández de Cos, antiguo gobernador del Banco de España y actual director general del Banco de Pagos Internacionales; el presidente del Bundesbank, Joachim Nagel; y la presidenta del Banco Europeo de Inversiones, Nadia Calviño.
Hernández de Cos parte con credenciales especialmente sólidas. Una encuesta elaborada por el foro monetario OMFIF entre expertos lo situó como el candidato mejor valorado en términos generales, destacando particularmente su formación en economía monetaria, capacidad para construir consensos y credenciales europeas.
El Financial Times señala que los gobiernos pretenden configurar antes de que termine 2026 un gran acuerdo sobre los principales puestos de la cúpula del BCE, ante la posibilidad de que la marcha de Lagarde adelante todo el calendario de sucesión.
La carrera, por tanto, ya ha comenzado aunque la actual presidenta no haya anunciado oficialmente su salida. Lagarde todavía tiene más de un año de mandato por delante, pero tanto dentro como fuera del BCE aumenta la presión para saber si piensa cumplirlo.