
El presidente de Rumanía, Klaus Iohannis, ha dimitido de su cargo este lunes, anticipándose a un proceso de destitución impulsado por partidos de la oposición soberanistas. Iohannis anunció su renuncia para evitar la crisis política que podría haberse desatado si el Parlamento votaba a favor de su cese, como se preveía. «Para evitarle esta crisis a Rumanía y a sus ciudadanos, renuncio al cargo de Presidente de Rumanía. Dejaré el cargo pasado mañana, 12 de febrero», declaró en un comunicado.
La dimisión coincide con la aprobación en el Parlamento de una tercera moción para debatir su destitución. Anteriormente, los intentos de la oposición de llevar el asunto al Parlamento fueron rechazados por cuestiones procedimentales. Sin embargo, este lunes, varias formaciones patriotas habían logrado reunir las firmas necesarias para activar el proceso.
El mandato de Iohannis, que oficialmente finalizó el 21 de diciembre, había sido extendido por el Tribunal Constitucional de Rumanía debido a la anulación de las elecciones presidenciales del año pasado por la supuesta «injerencia rusa» en la campaña electoral. Aunque Iohannis argumentó que su permanencia en el cargo era constitucional y aseguró que lo dejaría una vez elegido un nuevo presidente, la oposición cuestionó repetidamente su legitimidad.
El Tribunal Constitucional requirió que Iohannis continuara en el cargo hasta que se eligiera a su sucesor. Sin embargo, la creciente presión política y las críticas a su extensión en el poder lo han llevado a tomar la decisión de dimitir antes de que el Parlamento pudiera proceder con su destitución.
Las nuevas elecciones presidenciales están programadas para el 4 de mayo, con la primera vuelta prevista para esa fecha. Hasta entonces, se espera que el presidente del Parlamento asuma las funciones de presidente de la República y del Consejo Nacional de Defensa, un órgano estratégico en la estructura gubernamental del país.