Dos fallos independientes registrados el pasado 8 de junio llevaron al sistema eléctrico de Suecia a una situación de máxima tensión operativa y obligaron al gestor estatal de la red a activar cuatro turbinas de gas y solicitar electricidad de emergencia a Noruega y Lituania.
La primera incidencia se produjo cuando Svenska kraftnät desconectó por razones de seguridad una línea entre las zonas eléctricas SE2 y SE3 después de recibir una alerta sobre varias personas que habían escalado una torre de alta tensión cerca de Bollnäs. Poco después se produjo el segundo fallo: Suecia perdió de forma repentina 500 megavatios de electricidad importada desde Polonia a través del cable SwePol Link.
La coincidencia de ambos incidentes provocó que la frecuencia del sistema descendiera hasta los 49,80 hercios, por debajo del nivel normal de 50 hercios necesario para mantener estable la red eléctrica.
Para evitar una degradación mayor del sistema, Svenska kraftnät activó todos los servicios de regulación disponibles en las zonas SE3 y SE4. Al agotarse las ofertas de reserva, el operador tuvo que poner en marcha cuatro turbinas de gas en Halmstad y Barsebäck.
Suecia también adquirió 200 megavatios de Noruega y otros 200 de Lituania, mientras ajustaba sus intercambios eléctricos con Finlandia para controlar las sobrecargas.
El sistema entró temporalmente en estado de alerta reforzada por riesgo de insuficiencia de potencia, aunque el suministro no llegó a colapsar y las medidas extraordinarias fueron retiradas progresivamente durante la tarde.
El incidente resulta especialmente significativo porque Suecia dispone de una combinación relativamente sólida de energía hidráulica y nuclear. Pese a ello, dos perturbaciones simultáneas bastaron para consumir las reservas disponibles en buena parte del país.
El episodio vuelve a poner bajo examen el modelo energético impulsado por Bruselas, basado en aumentar rápidamente la participación de la energía eólica y solar mientras se reducen las fuentes convencionales capaces de producir electricidad de forma estable.
La generación renovable dependiente del clima introduce mayores variaciones en la producción. Cuando el viento o la radiación solar disminuyen, la red necesita centrales de respaldo, almacenamiento suficiente o importaciones para mantener el equilibrio entre oferta y demanda. Además, la retirada de centrales nucleares, térmicas y de carbón reduce la inercia física que ayuda a amortiguar las alteraciones súbitas de frecuencia.
El caso sueco también evidencia una de las contradicciones centrales de la transición energética: cuando las reservas ordinarias se agotaron, fueron turbinas de gas y electricidad importada las que evitaron una crisis mayor.
Alemania representa el ejemplo más radical de este proceso. El país cerró sus últimos reactores nucleares en 2023 y mantiene su objetivo de abandonar el carbón, mientras afronta crecientes costes para gestionar congestiones y estabilizar una red alimentada por una proporción cada vez mayor de fuentes intermitentes.