«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Niegan la invasión en la ciudad autónoma

Dos partidos marroquíes socios del PP Europeo rechazan la españolidad de Ceuta y Melilla: «No retrocederemos ni un palmo»

Von der Leyen y Aziz Akhannouch. Redes sociales

El Partido Popular Europeo mantiene desde 2018 un vínculo institucional con dos de las grandes formaciones del sistema político marroquí: el Partido Istiqlal y la Agrupación Nacional de Independientes (RNI). Ambos aparecen en la web oficial del PPE como partners, la categoría que Bruselas reserva a partidos de países no europeos con los que la familia popular quiere cooperar sin otorgarles voto. Esa alianza, discreta en los organigramas y muy visible cuando se cruza con Ceuta, es el telón de fondo —junto a su hostilidad hacia el partido liderado por Santiago Abascal— que puede explicar por qué Juan Jesús Vivas no puede sentarse con VOX a negociar un gobierno o un pacto de ciudad sin abrir una grieta en su propia familia europea.

El 30 de julio, decenas de miles de personas cruzaron desde Marruecos hacia Ceuta. VOX lo llamó invasión. El Gobierno de Pedro Sánchez habló de violación de la integridad territorial. En Rabat, sin embargo, el relato no fue de agresión contra España, sino de un flujo migratorio irregular sobre un territorio que Marruecos no reconoce como español. Y ahí está el problema para Vivas: los dos partidos marroquíes aliados del PP en Europa no sólo no condenan esa lectura, sino que la encajan en la reivindicación soberana de Ceuta y Melilla.

Nizar Baraka, secretario general del Istiqlal y ministro de Equipamiento y Agua en el Gobierno saliente, lo dijo sin ambages en un mitin posterior a la crisis. Preguntó qué debía responder Marruecos a España «después de lo ocurrido en Ceuta», reconoció que Madrid hablaba de un perjuicio a su seguridad nacional y añadió: «España es un socio esencial para nosotros, pero no retrocederemos ni un solo palmo de nuestro territorio nacional». No era un diputado de la oposición. Era el líder de un partido socio del PPE y miembro de la coalición que había gobernado Marruecos.

El RNI, el otro partner del PPE, ha sido más cauto. Su línea —la de Aziz Akhannouch y ahora la de Mohamed Chaouki— prioriza la relación económica y diplomática con España y evita el lenguaje de «liberación» que sí emplean islamistas o sectores del PAM. Pero el silencio no equivale a reconocimiento. Ningún dirigente relevante del RNI ha aceptado la soberanía española sobre Ceuta. En Marruecos esa cuestión es de Estado: cambia el volumen, no el fondo.

Ese doble vínculo —socios en Europa, reivindicadores en el Estrecho— deja a Vivas en una posición incómoda. El presidente de Ceuta necesita aliados para gobernar una ciudad desbordada, con miles de personas aún sobre el terreno, playas convertidas en campamentos y una sociedad local que exige firmeza. VOX le ofrece exactamente eso: un discurso de frontera, de recortes a Rabat y de rechazo a cualquier ambigüedad sobre la soberanía. El precio político, sin embargo, sería sentarse con quien denuncia a Marruecos como agresor mientras el propio PPE estrecha lazos con partidos que consideran Ceuta territorio nacional marroquí.

El PP Europeo, el que firma los partnerships, no ha roto con Istiqlal ni con el RNI. Siguen en la lista. Siguen siendo «aliados». Si Vivas pacta con Abascal, tendrá que explicar cómo su partido comparte familia europea con quienes, dos meses después de la avalancha del 30 de julio, recuerdan que Marruecos «no cederá ni un palmo». Si no pacta, se queda sin el socio que más se parece al estado de ánimo de una parte de Ceuta.

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