
El fabricante de coches Jaguar Land Rover (JLR) ha anunciado un recorte de 500 puestos de trabajo en sus operaciones británicas, todos ellos de personal directivo, en lo que la compañía ha calificado como un «programa limitado de redundancias voluntarias» para «alinear su plantilla directiva a las necesidades actuales y futuras del negocio».
La medida afectará a alrededor del 1,5% de la plantilla en el Reino Unido y llega en pleno desplome de ventas y en medio de la polémica por su radical rebranding, que ha sido criticado incluso por personalidades como Nigel Farage o Elon Musk.
El fabricante británico, propiedad del grupo indio Tata, defiende la medida como una «práctica normal de negocio». Sin embargo, la empresa atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia reciente: sus ventas cayeron un 15% entre abril y junio, con una caída del 10,7% en ventas mayoristas y un derrumbe del 97% en las matriculaciones en Europa el pasado mes de abril, según cifras de la Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles.
El recorte de plantilla coincide con el desplome de la imagen y las ventas de la histórica marca, tras su controvertida campaña de rebranding iniciada el año pasado bajo el lema Copy Nothing. La marca abandonó su emblemático logotipo del felino para sustituirlo por un anodino símbolo geométrico y lanzó una campaña publicitaria woke protagonizada por modelos andróginos en paisajes futuristas, sin mostrar siquiera sus coches.
La estrategia, orientada a «romper estereotipos tradicionales» y posicionarse como una marca totalmente eléctrica antes de 2030, ha sido ampliamente criticada por quienes hasta ahora eran consumidores de la compañía.
La dirección de JLR, sin embargo, sigue defendiendo su estrategia. Rawdon Glover, director general de la marca Jaguar, ha denunciado la «intolerancia y el odio» recibidos por su campaña, insistiendo en que su objetivo es «redefinir Jaguar en un nivel de precios completamente distinto y dejar de parecer una marca de coches más«.
El hundimiento en las ventas no se ha limitado a Europa. JLR ya había advertido en junio de que los nuevos aranceles de la administración Trump a los coches extranjeros mermarían su rentabilidad. La firma tuvo que suspender durante un mes las exportaciones a Estados Unidos en abril tras la imposición de un arancel del 25%, y en junio recortó su previsión anual de beneficios, con un margen previsto de entre el 5% y el 7%, muy por debajo del 10,7% del primer trimestre y del 8,5% del año pasado.
Un acuerdo comercial firmado por el Reino Unido en mayo permitió reanudar las exportaciones a EE.UU., con un cupo de 100.000 coches al año sujetos a un arancel del 10%, lo que supuso cierto alivio para la firma.
El futuro, sin embargo, sigue siendo incierto. Mientras sus modelos más demandados como el Defender siguen fabricándose en Eslovaquia y quedan sujetos a aranceles más altos, las matriculaciones de Jaguar en abril cayeron a apenas 49 unidades en toda Europa, frente a casi 2.000 en el mismo mes del año anterior.
En palabras de la dirección de Jaguar, es «inútil comparar» las cifras actuales con las anteriores, ya que la producción de modelos se suspendió en noviembre para preparar su relanzamiento como marca exclusivamente eléctrica.
En plena transición, la histórica firma británica afronta un difícil equilibrio entre reinventarse para sobrevivir… y no perder el alma por el camino.