Miles pasarán a depender de ayudas públicas, prejubilaciones o programas de recolocación
El fanatismo climático de Bruselas acaba con la industria del automóvil: se producirán más de 100.000 despidos en sólo dos años
El fanatismo climático de Bruselas acaba con la industria del automóvil: se producirán más de 100.000 despidos en sólo dos años
Fábrica de coches europea. Redes sociales
Por Unai Cano
29 de octubre de 2025

Todos los agentes que forman parte de la cadena de producción del automóvil europeo llevan meses avisando de la llegada de una crisis sin precedentes que amenaza la estabilidad de un sector clave para la economía del continente, responsable del 7% del PIB de la Unión Europea y con más de 14 millones de empleos directos e indirectos.

La irrupción del coche eléctrico ha obligado a los fabricantes a realizar la mayor inversión en investigación y desarrollo de su historia. Entre productores de vehículos y componentes, se estima que se han destinado cerca de 250.000 millones de euros para preparar las nuevas generaciones de automóviles eléctricos que apenas comienzan a circular por las calles europeas.

Sin embargo, la realidad ha obligado a improvisar. Muchos fabricantes han prolongado la vida de sus modelos térmicos e híbridos para amortizar las inversiones mientras el mercado todavía no absorbe los vehículos eléctricos a la velocidad prevista. Este desajuste ha contribuido al notable encarecimiento de los automóviles.

El retroceso forzado en la producción resulta costoso. Plantas dimensionadas para fabricar coches eléctricos deben adaptarse de nuevo a modelos híbridos, como ocurre en algunas instalaciones de Renault y Stellantis en España, Marruecos o Turquía, mientras fábricas francesas permanecen parcialmente paradas.

Estos cambios han provocado salidas de ejecutivos destacados, entre ellos Luca de Meo (Renault), Carlos Tavares (Stellantis), Wayne Griffiths (Seat y Cupra) y Herbert Diess (Volkswagen), reflejando la tensión interna del sector. La industria enfrenta ya cierres de plantas y ajustes en masa: Volkswagen clausuró la fábrica de Bruselas donde se producía el Audi Q8 e-tron, dejando sin empleo a 3.000 trabajadores.

Stellantis ha anunciado paros temporales en seis factorías europeas, incluidas Madrid y Zaragoza, mientras Renault también ha realizado suspensiones de producción en sus plantas españolas y francesas. Aunque estos ajustes suelen registrarse como bolsas de horas de trabajo, su repetición sostenida anticipa un efecto dominó que repercute en toda la cadena de valor.

Las consecuencias sobre los proveedores de componentes ya son visibles. ZF planea cerca de 8.000 despidos, Bosch 12.000 y Schaeffler 5.000, sumando casi 30.000 empleos perdidos sólo en este segmento. A nivel global del sector, se esperan más de 40.000 bajas entre Volkswagen y Audi, 3.000 en Volvo, otros tantos en Renault, 10.000 en Stellantis y alrededor de 4.000 en Ford, mientras que Mercedes y BMW también podrían perder 5.000 y 6.000 puestos de trabajo respectivamente.

El impacto social se prevé significativo, con miles de trabajadores que pasarán a depender de ayudas públicas, prejubilaciones o programas de recolocación, generando presión sobre los sistemas de protección social europeos.

A esto se suma la creciente competencia de fabricantes chinos, cuya presencia se incrementa en el mercado europeo —por la inoperancia de Bruselas y Von der Leyen— y en España ya alcanzan aproximadamente un 20% de cuota, ampliando la brecha tecnológica y comercial con los productores locales.

El sector, claramente tensionado, enfrenta una transformación histórica: mientras la electrificación exige enormes inversiones y provoca ajustes dolorosos, la industria europea lucha por mantener su posición frente a la nueva dinámica global.

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