El «Rey del Norte» regresa a Westminster con el 54,8% de los votos
El final de Starmer se acerca: Andy Burnham, alcalde laborista de Mánchester, conquista un escaño y prepara el asalto a Downing Street
El final de Starmer se acerca: Andy Burnham, alcalde laborista de Mánchester, conquista un escaño y prepara el asalto a Downing Street
Andy Burham. Europa Press.
Por LGI
19 de junio de 2026

El cerco sobre Keir Starmer se estrecha. Andy Burnham, su principal rival dentro del Partido Laborista, ha logrado una aplastante victoria en las elecciones parlamentarias parciales de Makerfield y ya dispone del escaño que necesitaba para lanzar formalmente su ofensiva por el liderazgo del partido y el número 10 de Downing Street.

El hasta ahora alcalde del Gran Mánchester obtuvo el 54,8% de los votos y una mayoría superior a los 9.000 sufragios, derrotando con claridad a Reform UK, que alcanzó alrededor del 35%, y a Restore Britain, que se quedó en el 7%.

La participación rozó el 59%, una cifra considerable para unas elecciones parciales convertidas desde el comienzo en un plebiscito sobre el futuro de Starmer.

Burnham regresa así a Westminster nueve años después de abandonar la Cámara de los Comunes. Pero no vuelve como un diputado más: llega como el hombre que buena parte del laborismo considera capaz de evitar el hundimiento electoral del partido y frenar el avance de Nigel Farage.

Una victoria que amenaza directamente a Starmer

La elección de Makerfield fue diseñada expresamente para facilitar el regreso de Burnham al Parlamento. El anterior diputado laborista, Josh Simons, renunció a su escaño en mayo para permitir que el alcalde del Gran Mánchester se presentara y pudiera disputar desde Westminster el liderazgo de un Starmer cada vez más debilitado. La maniobra ha funcionado.

Burnham no sólo ha conservado el escaño para el Partido Laborista, sino que ha obtenido un resultado lo suficientemente amplio como para presentar su candidatura como una alternativa electoralmente viable al actual primer ministro. «Este resultado lo cambia todo», proclamó después de confirmarse su victoria.

El político, conocido como el «Rey del Norte», afirmó que el resultado podía convertirse en un «punto de inflexión» para el país y aseguró que los votantes habían exigido un cambio frente a un sistema político que abandona a las regiones alejadas de Londres.

Su discurso tuvo una dimensión inequívocamente nacional. Burnham no habló como un nuevo diputado preocupado únicamente por su circunscripción, sino como un candidato que ya contempla la puerta del número 10 de Downing Street.

El laborismo comienza a preparar la sucesión

La victoria ha multiplicado las voces dentro del Partido Laborista que reclaman la salida de Starmer. Aliados de Burnham han pedido una «transición ordenada y gestionada» para evitar una guerra interna abierta, mientras otros dirigentes exigen que el primer ministro establezca un calendario para abandonar el cargo.

El mensaje implícito es devastador: una parte del partido ya no discute si Starmer debe marcharse, sino cómo y cuándo debe producirse su relevo. Burnham ha señalado que esta puede ser la «última oportunidad de cambio» para el laborismo.

«No habrá una segunda oportunidad», advirtió, antes de reclamar una nueva política basada en la esperanza, la unidad y la recuperación de las regiones que se sienten ignoradas por Westminster.Starmer, por su parte, ha repetido que no piensa dimitir y que combatirá cualquier desafío a su liderazgo. Sin embargo, su capacidad para resistir se reduce a medida que Burnham suma apoyos parlamentarios, sindicales y territoriales.

Escándalos, dimisiones y una debacle electoral

El primer ministro llega a esta batalla en su momento de mayor debilidad. Su Gobierno ha quedado golpeado por sucesivas crisis, cambios de rumbo, dimisiones y enfrentamientos internos.

Uno de los episodios más dañinos fue el nombramiento de Peter Mandelson como embajador británico en Estados Unidos, una decisión que provocó una tormenta política por los vínculos del veterano dirigente laborista con el delincuente sexual Jeffrey Epstein y por la investigación sobre la presunta revelación de información sensible.

A ello se sumó el descalabro electoral de mayo, cuando el Partido Laborista perdió más de 1.200 concejales y el control del Parlamento galés. El resultado confirmó la ruptura entre el Gobierno y una parte de sus antiguos votantes, muchos de los cuales han comenzado a desplazarse hacia Reform UK o a refugiarse en la abstención.

Starmer, que llegó al poder prometiendo estabilidad y competencia técnica, aparece ahora como el líder de un partido dividido, desacreditado y aterrorizado ante el crecimiento de Farage.

Burnham se presenta como salvador del laborismo

Burnham ha construido su desafío sobre una promesa sencilla: recuperar a los votantes obreros y del norte de Inglaterra que se sienten abandonados por Londres. Durante su etapa al frente del Gran Mánchester cultivó una imagen de dirigente independiente, alejado de las élites de Westminster y dispuesto a enfrentarse al Gobierno central.

También ocupó cargos en los Ejecutivos de Tony Blair y Gordon Brown, por lo que combina experiencia nacional, poder territorial y una identidad política propia. Su principal argumento ante los diputados laboristas será electoral: con Starmer, el partido se encamina hacia una derrota; con Burnham, todavía podría conservar el poder. La victoria en Makerfield refuerza esa narrativa.

No obstante, el resultado también evidencia la magnitud del momento político para las fuerzas soberanistas. Reform obtuvo más de un tercio de los votos en un antiguo bastión laborista y se consolida como una fuerza capaz de disputar directamente el voto obrero.

La cuenta atrás ha comenzado

Starmer puede negarse a dimitir, pero desde este viernes ya no controla por completo el calendario de su propia supervivencia.

Burnham tiene escaño, legitimidad electoral, reconocimiento por parte del electorado de izquierda y una creciente red de apoyos dentro del partido. La batalla puede resolverse mediante una renuncia pactada, una moción interna o una guerra abierta por el liderazgo. En cualquiera de los escenarios, el primer ministro aparece cada vez más aislado.

La victoria de Makerfield no garantiza todavía que Burnham alcance Downing Street, pero sí transforma por completo el equilibrio de poder dentro del laborismo.

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