
El Gobierno de Viktor Orbán ha presentado un histórico plan de acción para apoyar a las pequeñas y medianas empresas húngaras. Está basado en la reducción de los impuestos y la protección de las empresas nacionales frente a las presiones económicas de Bruselas.
El primer ministro ha advertido que la UE se encamina hacia una economía de guerra, citando propuestas como la financiación de un Ejército ucraniano —con entre 800.000 y un millón de efectivos—, o destinar hasta el 25% del presupuesto europeo durante los próximos siete años a Ucrania. «¿Debería Hungría aceptar esta dirección o continuar con su propia política económica independiente?», se ha preguntado.
Su objetivo —ha recordado Orbán— es seguir una estrategia nacional: «Debemos mantenernos firmes. Las consecuencias de la guerra son inevitables, pero no renunciaremos a nuestros objetivos».
El plan contempla un aumento gradual de los umbrales de exención del IVA; una reducción de la base de contribución social para los empresarios que trabajan a tiempo completo —aliviará la carga a aproximadamente 140.000 húngaros—; incentivos fiscales para que los proveedores de energía modernicen la infraestructura; revisión de los tramos impositivos del comercio minorista —aliviará la carga fiscal a unas 350.000 empresas—; aplazamiento durante seis meses del aumento del impuesto especial sobre los carburantes, con posibilidad de nueva prórroga; e información financiera simplificada para microempresas; entre otras medidas. «Nos centramos en preservar el empleo húngaro», concluyó Orbán.