
Las protestas vecinales por la inseguridad en barrios y localidades afectados por la inmigración masiva ganan fuerza y se extienden a un número creciente de países europeos. Lejos de responder a etiquetas de «extrema derecha«, como insisten en señalar partidos y medios tradicionales, son cada vez más ciudadanos comunes los que alzan la voz, preocupados por el futuro y la convivencia en sus comunidades.
En Torre Pacheco (Murcia), la agresión a un jubilado de 68 años, golpeado brutalmente por tres jóvenes marroquíes, encendió la chispa de un malestar latente. Más de 2.000 vecinos se concentraron en la plaza del Ayuntamiento para reclamar más seguridad y un cambio en las políticas migratorias. En las noches posteriores se registraron disturbios, con daños a comercios y vehículos y 14 detenidos. Aunque el Ministerio del Interior y los medios convencionales atribuyeron los altercados a grupos de «extrema derecha», los residentes han asegurado que la protesta fue espontánea y motivada por años de abandono institucional.
En Las Palmas de Gran Canaria, un inmigrante ilegal magrebí fue detenido tras rociar con líquido inflamable a una menor y prenderle fuego. El ataque desató la indignación en la zona, donde decenas de vecinos se concentraron para denunciar la inseguridad que aseguran sufrir desde hace años en torno al centro de acogida en el que residía el agresor. Tras la protesta, el Ministerio del Interior anunció un refuerzo en la vigilancia del centro “para evitar incidentes” y proteger a los inmigrantes alojados allí.
También en el Reino Unido se han vivido episodios similares. En Epping (Essex), más de un millar de personas se congregaron este martes frente al hotel Bell —convertido en alojamiento para solicitantes de asilo— tras la detención de uno de ellos por un presunto intento de abuso sexual a una menor. La tensión aumentó cuando la Policía escoltó hasta el lugar a activistas pro-inmigración, lo que derivó en enfrentamientos entre ambos grupos.
En Norfolk, la polémica estalló tras el anuncio de que el Park Hotel de Diss dejaría de acoger a familias para albergar a inmigrantes ilegales. Cientos de vecinos se manifestaron para expresar su temor por la seguridad del barrio. En ambos casos, los principales medios británicos calificaron las protestas de “extremistas”.
Este fenómeno no es exclusivo de España y Reino Unido. En ciudades alemanas como Colonia y Duisburgo, en barrios de Amberes (Bélgica) y en Malmö (Suecia), también se han sucedido manifestaciones vecinales contra la apertura de nuevos centros de acogida en zonas residenciales. Los participantes reclaman mayor presencia policial y un control más estricto de los flujos migratorios.
Las protestas vecinales ya forman parte del paisaje en buena parte de Europa occidental, donde las llegadas de inmigrantes siguen aumentando y los planes de integración han fracasado en numerosos barrios, incapaces de frenar la delincuencia y la inseguridad que denuncian sus propios residentes.