
La política alemana entra en una fase de reconfiguración profunda. La formación patriótica Alternativa para Alemania (AfD) ha logrado situarse por delante del bloque conservador CDU/CSU en intención de voto, mientras el canciller Friedrich Merz atraviesa el peor momento de su carrera política.
Según una encuesta de Forsa para RTL y ntv, el 80% de los ciudadanos alemanes se muestra insatisfecho con la gestión de Merz, un dato que marca un récord negativo y que refleja un desgaste acelerado del actual canciller. Su nivel de aprobación apenas ronda el 20%, confirmando un colapso de liderazgo pocas veces visto en la política alemana reciente.
El deterioro no sólo afecta a la opinión pública general. Por primera vez, una mayoría de votantes del propio bloque CDU/CSU expresa su descontento con el canciller, lo que evidencia una fractura interna en el espacio conservador tradicional.
Las críticas se concentran en varios ejes: promesas electorales incumplidas, falta de dirección política clara, contradicciones en la acción de gobierno y una percepción generalizada de debilidad en el liderazgo. El intento de endurecer el discurso migratorio mediante la denominada «doctrina Merz» no ha logrado frenar la sangría de apoyos, y en cambio parece haber acelerado la fuga de votantes hacia opciones más firmes.
En paralelo, Alternativa para Alemania (AfD) se sitúa en cabeza con un 26% de intención de voto, superando por primera vez en este ciclo político al bloque conservador, que cae al 24%, su nivel más bajo desde enero. El Partido Socialdemócrata (SPD) se mantiene en el 12%, los Verdes en el 15%, mientras que La Izquierda sube hasta el 11%. El FDP, con un 4%, sigue por debajo del umbral parlamentario.
Este vuelco en las encuestas refleja una transformación estructural del sistema político alemán. El electorado parece abandonar progresivamente a las formaciones tradicionales ante la percepción de incoherencia, falta de rumbo y subordinación a agendas externas.