
La noche del miércoles 3 de septiembre, la Policía italiana frustró un atentado terrorista en el corazón de la festividad católica de Santa Rosa en Viterbo. Dos ciudadanos turcos, alojados en un B&B situado en el recorrido de la procesión, fueron detenidos pocas horas antes de que diera inicio el acto religioso.
En el registro, los agentes hallaron un arsenal de guerra: una ametralladora, varias pistolas y abundante munición. El operativo, desplegado tras la alerta de la propietaria del alojamiento por el comportamiento sospechoso de los huéspedes, estuvo coordinado por el Grupo Central de Seguridad (NOC) con unidades antiterroristas, perros especializados y francotiradores en los tejados.
La primer ministro Giorgia Meloni calificó la intervención de «decisiva» y subrayó la eficacia de los cuerpos de seguridad. La procesión, a la que asistieron unas 40.000 personas junto a dirigentes como el viceprimer ministro Antonio Tajani y el ministro de Cultura Alessandro Giuli, pudo celebrarse sin incidentes, aunque bajo medidas excepcionales: por primera vez en su historia, todas las luces de la ciudad permanecieron encendidas para garantizar la seguridad.
El también viceprimer ministro Matteo Salvini reaccionó en su cuenta de X con contundencia: «Dos ciudadanos turcos fueron arrestados poco antes de la fiesta de Santa Rosa en Viterbo, armados con una ametralladora, una pistola y numerosas balas. Una masacre podría haberse producido, pero la intervención decisiva de las fuerzas del orden evitó el ataque. El terrorismo no tiene cabida en Italia».