
Europa se aproxima al invierno con sus reservas de gas muy por debajo de los niveles habituales y con los precios energéticos nuevamente disparados. Los almacenes del continente se encuentran actualmente en torno al 69% de su capacidad, frente al promedio del 85% registrado a estas alturas del año durante el último lustro. Los últimos datos de Gas Infrastructure Europe sitúan concretamente el almacenamiento de la Unión Europea en el 68,66%, con unos 776,9 teravatios hora acumulados.
La situación es especialmente delicada en Alemania y Países Bajos, dos países que en conjunto concentran alrededor del 35% de la capacidad de almacenamiento comunitaria. Alemania tiene sus depósitos al 55,95%, mientras que los neerlandeses apenas alcanzan el 53,24%. España se encuentra en una posición comparativamente mejor, con sus reservas al 73,44%, mientras Italia alcanza el 84,96% y Polonia roza el 98,4%.
El bajo nivel de reservas coincide con una nueva escalada de los precios energéticos. El gas europeo de referencia cotiza alrededor de los 81 euros por megavatio hora, aproximadamente un 150% más que hace un año y por encima incluso del escenario adverso que había contemplado el Banco Central Europeo.
Morgan Stanley advierte de que, dependiendo de las condiciones meteorológicas y de la evolución de los suministros, el precio podría alcanzar los 100 euros por megavatio hora.
Otros escenarios son todavía más severos. Si las exportaciones de gas natural licuado procedentes de Catar continúan limitadas y Europa afronta un invierno especialmente frío, los precios podrían llegar hasta los 200 euros por megavatio hora, según estimaciones recogidas por Reuters.
El problema no se limita al gas. Los precios de la gasolina se encuentran aproximadamente un 24% por encima de los niveles de hace un año, mientras que el diésel ha subido un 38%. El combustible de aviación, por su parte, ha más que duplicado su precio.
Una de las claves de la situación se encuentra en la decisión de diferentes empresas y gobiernos europeos de retrasar durante meses la reposición de las reservas, esperando que los precios energéticos descendieran. La apuesta era que las tensiones en Oriente Próximo remitieran rápidamente y permitieran comprar gas a precios más bajos antes del invierno. Ese escenario no se ha materializado.
Las interrupciones provocadas por la guerra entre Estados Unidos e Israel e Irán y los problemas en las rutas energéticas de Oriente Próximo han mantenido elevados los costes del gas y del petróleo, desincentivando las compras destinadas a almacenamiento.
«Cada mes que Europa retrasa la reposición aumenta la presión sobre los precios a medida que se acerca el máximo consumo del invierno», ha advertido Jonathan Schroer, estratega de UniCredit, a Reuters. Alemania prepara ahora incentivos para que las empresas mantengan más gas disponible durante el invierno, aunque Berlín pretende evitar por el momento que sea el propio Estado quien compre directamente las reservas.
El continente se encuentra actualmente mejor preparado que durante la crisis energética de 2022 en algunos aspectos. Europa ha reducido su consumo de gas, aumentado su capacidad para recibir gas natural licuado (GNL) y diversificado sus proveedores después de reducir drásticamente la dependencia del suministro ruso.
El gas estadounidense representa ahora aproximadamente el 22% de toda la demanda europea, frente a menos del 5% antes de la guerra de Ucrania. Pero esa nueva estructura también expone a Europa a las tensiones del mercado mundial del GNL.
Catar, uno de los grandes exportadores mundiales, ha sufrido graves restricciones en sus envíos debido a los problemas de navegación a través del estrecho de Ormuz. Sus exportaciones mundiales podrían caer más de un 60% este año, según las estimaciones recogidas por Reuters.
Europa está absorbiendo actualmente cargamentos que Asia ha dejado de comprar debido al elevado precio. Las importaciones europeas de GNL podrían alcanzar 7,98 millones de toneladas en septiembre, el volumen mensual más alto desde mayo.
Pese al nivel reducido de las reservas, la Comisión Europea sostiene que no existe por ahora un riesgo inmediato para la seguridad del suministro.
El Grupo de Coordinación del Gas de la UE señaló a comienzos de septiembre que el sistema europeo se encuentra mejor preparado que durante la crisis de 2021-2022 gracias a la diversificación de proveedores, la mayor capacidad de importación de GNL y la reducción del consumo.
Bruselas considera que, bajo las condiciones actuales, no es necesaria una intervención extraordinaria. La incógnita principal continúa siendo el clima. Un invierno frío podría incrementar el consumo europeo en aproximadamente 30.000 millones de metros cúbicos de gas, reduciendo rápidamente unos depósitos que ya parten de niveles sensiblemente inferiores a los habituales.
El nuevo encarecimiento energético amenaza también con dificultar la política monetaria europea. El Banco Central Europeo elevó recientemente los tipos de interés y sus responsables han advertido de que podrían producirse nuevas subidas si la energía vuelve a alimentar las presiones inflacionistas.
A diferencia de las subidas puntuales del petróleo, los incrementos del precio del gas tienden a trasladarse durante más tiempo a las facturas domésticas, los costes industriales y los precios de diferentes bienes.