«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
existe una «posibilidad realista»

Expertos del Gobierno británico alertan de que la humanidad podría perder el control de una IA superinteligente en cinco años

Imagen de recurso. Europa Press.

La humanidad podría enfrentarse durante los próximos cinco años a sistemas de inteligencia artificial capaces de superar las capacidades humanas en prácticamente todas las tareas cognitivas importantes, según una nueva advertencia del Instituto Alan Turing de Reino Unido.

El organismo, considerado el instituto nacional británico de inteligencia artificial y financiado con fondos públicos, sostiene que existe una «posibilidad realista» de que aparezcan sistemas de IA «superinteligentes» antes de 2031. El escenario planteado va mucho más allá de los actuales asistentes conversacionales.

Los investigadores advierten de que estas futuras máquinas podrían operar con una velocidad y capacidad de análisis tan superiores a las humanas que gobiernos, empresas y otras instituciones terminarían delegándoles progresivamente decisiones cada vez más importantes.

Si esa evolución se produce, el problema ya no sería únicamente que una inteligencia artificial cometiera errores, sino que los seres humanos dejaran de ser capaces de entender, supervisar o detener a tiempo determinadas acciones ejecutadas por esos sistemas.

«Si los sistemas de IA diseñan estrategias que las instituciones no pueden evaluar adecuadamente y actúan más rápido de lo que las organizaciones pueden responder, el control humano sustantivo podría desaparecer», advierte el informe.

Una posibilidad, no una predicción

El propio Instituto Alan Turing introduce, sin embargo, una cautela esencial. El horizonte de cinco años «es una posibilidad frente a la que hay que planificar, no una predicción», señala el documento.

No existe actualmente consenso científico sobre cuándo —o incluso si— aparecerá una inteligencia artificial genuinamente superior al ser humano en prácticamente todos los ámbitos cognitivos. El debate sobre la llamada superinteligencia artificial divide desde hace años a investigadores y empresarios tecnológicos.

Mientras algunos expertos creen que los avances en capacidad de cálculo, algoritmos y sistemas autónomos podrían producir un salto muy rápido durante esta década, otros consideran que los modelos actuales todavía presentan limitaciones fundamentales que impedirían una transición semejante en el corto plazo.

El informe internacional sobre seguridad de la IA publicado en 2026 también subrayó esta incertidumbre: contempla desde una ralentización de los avances hasta escenarios en los que los sistemas podrían superar ampliamente determinadas capacidades humanas hacia 2030.

El peligro de dejar al ser humano fuera de las decisiones

Una de las principales preocupaciones del instituto británico es el creciente desarrollo de los denominados agentes de inteligencia artificial. A diferencia de un chatbot convencional, estos sistemas pueden recibir un objetivo, diseñar los pasos necesarios para conseguirlo y ejecutar acciones con un grado creciente de autonomía.

Ya existen agentes capaces de programar software, gestionar determinadas relaciones con clientes y automatizar procesos empresariales. Investigadores del propio Alan Turing Institute han advertido de que una dependencia excesiva de estas herramientas puede deteriorar la capacidad humana de supervisión y juicio.

El problema aumentaría radicalmente con una IA superinteligente. Cuanto más rápida y eficaz fuera la máquina, mayor sería el incentivo para permitirle tomar decisiones sin esperar la intervención de una persona.

Los investigadores temen que el ser humano pueda permanecer formalmente «al mando» mientras, en la práctica, carece del tiempo, los conocimientos o la capacidad suficiente para cuestionar las decisiones de la máquina.

Frenar la carrera mundial sería extremadamente difícil

El informe también muestra escepticismo sobre una posible moratoria internacional al desarrollo de los sistemas más avanzados. Para detener o ralentizar la frontera tecnológica sería necesaria una regulación internacional urgente y vinculante, algo que el Instituto Alan Turing considera improbable en el actual escenario geopolítico.

Estados Unidos y China mantienen una intensa competición tecnológica por dominar la inteligencia artificial, mientras las grandes compañías privadas invierten cantidades cada vez mayores en capacidad informática y nuevos modelos.

Esta carrera plantea un problema de coordinación: incluso si un país decidiera ralentizar voluntariamente sus investigaciones por razones de seguridad, podría temer quedar rezagado respecto a sus competidores.

El instituto también considera difícil implantar un simple «interruptor de emergencia» capaz de detener las inteligencias artificiales más peligrosas, porque para que fuera realmente efectivo tendría que existir algún tipo de coordinación internacional.

Reclaman controles antes y después de desplegar los modelos

Frente a ese escenario, los investigadores plantean la necesidad de crear un sistema más estricto de verificación y evaluación de las inteligencias artificiales avanzadas. Esto implicaría someter los modelos a pruebas antes de su lanzamiento y continuar supervisándolos una vez desplegados para detectar comportamientos peligrosos o capacidades que no hubieran aparecido durante las evaluaciones iniciales.

El Instituto Alan Turing mantiene entre sus prioridades precisamente el desarrollo de sistemas seguros y la conservación de un «control humano apropiado» sobre las tecnologías automatizadas.

La cuestión se ha convertido también en un asunto de seguridad nacional. El propio instituto británico lleva años estudiando las consecuencias de introducir inteligencia artificial en ámbitos militares y ha advertido de los riesgos derivados de depender excesivamente de algoritmos en decisiones críticas.

Las grandes tecnológicas reclaman reglas internacionales

Las advertencias coinciden con una creciente discusión dentro de la propia industria. El consejero delegado de OpenAI, Sam Altman, ha reclamado esta semana estándares internacionales comunes sobre seguridad y mecanismos compartidos para comunicar incidentes relacionados con sistemas avanzados.

Responsables y antiguos investigadores de compañías como OpenAI y Anthropic han expresado también preocupación por la posibilidad de que el desarrollo de sistemas cada vez más autónomos avance más deprisa que los mecanismos diseñados para controlarlos. La advertencia británica no establece, por tanto, que la pérdida de control sea inevitable.

Pero sí plantea un escenario que hasta hace pocos años pertenecía principalmente al terreno de la ciencia ficción como una contingencia que los gobiernos deberían empezar a considerar seriamente en sus políticas de seguridad.

La pregunta central ya no es únicamente hasta dónde podrá llegar la inteligencia artificial, sino si las instituciones humanas serán capaces de mantener el control cuando las máquinas puedan pensar y actuar más rápido que quienes deben supervisarlas.

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