
Suecia sigue sin formar gobierno mes y medio después de las elecciones legislativas debido a un nuevo fracaso en las conversaciones para formar ejecutivo, esta vez las emprendidas por la líder del partido del Centro, Elizabeth Ringqvist, incapaz de alcanzar el consenso suficiente para poner de acuerdo al centroderecha.
Tras el fracaso inicial del partido más votado, los Socialdemócratas de Magdalena Andersson, para escorar el gobierno a la izquierda, el presidente del país, Andreas Norlén, encomendó a Ringqvist un nuevo modelo de consenso en el centro político a sabiendas de que el partido antiinmigración Demócratas de Suecia y La Izquierda se quedarían fuera de las conversaciones.
Siete días después de comenzar las negociaciones, Ringqvist ha dado por imposible el acuerdo al lamentar que «existe un amplio respaldo hacia la política centrista pero no hay mayoría para un gobierno de centroderecha».
La opción preferida por la líder centrista, una combinación de centro y socialdemócratas, ha contado con el rechazo frontal de La Izquierda y el Partido Verde, que suman 52 años de los 175 que hacen falta para formar mayoría. Socialdemócratas y centro suman solo 124 parlamentarios.
La segunda fuerza más votada, los Moderados del primer ministro en funciones de Ulf Kristersson, están fuera de la ecuación, tras el fracaso de su propia coalición de derechas (con democristianos y liberales, más un relativo apoyo externo de los Demócratas de Suecia) en las últimas elecciones.
«Si la premisa con la que parten los partidos a la hora de negociar es que tienen que acabar en el Gobierno, no vamos a llegar ninguna parte», ha avisado Ringqvist en su comparecencia ante los medios del país antes dar por definitivamente «enterrada» la posibilidad de un gobierno «intermedio».
Ahora corresponde al presidente Norlen decidir si pide a Ringqvist que explore otras posibilidades o apuesta por una tercera opción. De momento existe margen: las elecciones se anticiparían tras cuatro votaciones fallidas en el Parlamento, pero hasta ahora solo se ha agotado una de ellas, a principios de mes, cuando la cámara echó por tierra una propuesta de la socialdemócrata Andersson para formar un gobierno en solitario.
De todas formas, el país escandinavo está acostumbrado a largas negociaciones entre gobiernos. Por ejemplo tras las elecciones de 2018 se necesitaron 134 días para alcanzar un acuerdo para el nuevo Ejecutivo.