
La inmigración masiva sigue colapsando Francia por los elevados niveles de delincuencia. En un nuevo y alarmante episodio que evidencia el hundimiento del sistema judicial y policial francés, las autoridades han ordenado a policías y gendarmes limitar drásticamente las interpelaciones y detenciones, salvo en casos de flagrante delito, ante la saturación total de las fiscalías (parquets).
Un agente de policía en servicio en el oeste de Francia ha revelado la consigna directa que se ha transmitido: «Ninguna interpelación más hasta el 14 de julio, el tiempo que los expedientes de violaciones y agresiones sexuales sean tratados». Fuera de la flagrancia, no deben realizarse otras operaciones que generen arrestos.
Esta medida, que se mantendrá hasta el Día Nacional francés, supone una admisión implícita del colapso: las fiscalías están completamente desbordadas por el volumen de delitos sexuales acumulados, consecuencia directa de años de inmigración masiva descontrolada que ha multiplicado los índices de criminalidad en el país.
En lugar de reforzar la capacidad judicial o endurecer las penas, el Estado francés opta por frenar el trabajo de las fuerzas del orden para que los expedientes ya existentes puedan avanzar. El resultado es que, durante estas semanas, los delincuentes —en gran medida vinculados a la inmigración ilegal— gozarán de una impunidad de facto mientras se procesan los casos pendientes.
La orden confirma lo que millones de franceses llevan denunciando desde hace años: el sistema ha sido superado por la realidad de la delincuencia importada. Las fiscalías no dan abasto, las cárceles están saturadas y ahora se pide a la policía que deje de detener para no colapsar aún más el aparato judicial.
Mientras tanto, los ciudadanos franceses quedan más desprotegidos que nunca ante una oleada de agresiones, robos y violencia que las autoridades ya no pueden ni quieren gestionar con normalidad. Francia no sólo colapsa: se rinde ante la inmigración masiva y la delincuencia que ésta genera.