Entre los criterios de exclusión fijados está «la matriculación en colegios privados»
Francia no quiere católicos en el Ejército: un colegio militar excluye a alumnos que procedían de escuelas creyentes
Francia no quiere católicos en el Ejército: un colegio militar excluye a alumnos que procedían de escuelas creyentes
Emmanuel Macron. Europa Press
Por Pedro Fernández Barbadillo
6 de julio de 2026

El trilema de la República francesa consiste en: «Igualdad, fraternidad y libertad». Como todas las promesas políticas, la realidad suele alejarse mucho de ellas. Lo acaban de comprobar varios estudiantes que querían ingresar en uno de los colegios oficiales preparatorios de los exámenes de acceso a las academias militares francesas. Se ha excluido a los alumnos que provenían de escuelas católicas, con independencia de sus notas y sin siquiera entrevistarles.

Según ha revelado el diario Le Figaro, este año ningún alumno procedente de colegios católicos privados fue admitido en las aulas de la Prytanée National Militaire, institución que depende del Ministerio de las Fuerzas Armadas. Entre los criterios de exclusión fijados de manera pública por ésta figura «la matriculación en colegios privados» no concertados con el Estado, que suelen ser católicos.

En una rueda de prensa, Anne Coffinier, presidenta de la asociación Créer son école (Crea tu escuela), presentó un caso que considera emblemático. Un alumno que aprobó con notas sobresalientes el examen de bachillerato fue admitido en prestigiosas escuelas preparatorias como Masséna y Thiers, «pero no fue clasificado en absoluto en la Prytanée».

Con el apoyo de la asociación, los padres de este alumno y de otros más interpusieron un recurso de urgencia el 2 de julio ante el Tribunal Administrativo de Nantes para conocer los motivos académicos del rechazo de las solicitudes, sin ninguna evaluación de sus calificaciones, ni entrevista personal. Coffinier subrayó que semejante requisito de eliminación socava el principio de igualdad republicana.

La ministra de las Fuerzas Armadas, Catherine Vautrin (que ha pasado por cuatro partidos, el último, el del presidente Macron), explicó que «esa anotación, fruto de una lamentable iniciativa individual, es, en cualquier caso, completamente errónea» y añadió que ordenó su retirada de la documentación. ¿Cómo entonces, se incluyó en ella?

Vautrin insistió en que no hubo discriminación ninguna y defendió las exclusiones realizadas por el comité de selección, en el que figura el director de la escuela preparatoria. A éste, Jean Marc Blondelle, lo nombró el Ministerio de Educación y sus superiores no han contestado a las solicitudes de las familias perjudicadas.

Los muchachos solicitantes quedan pendientes del resultado de su reclamación judicial para comprobar los verdaderos motivos de su exclusión. Uno de los padres declaró a Le Fígaro: «A la República no le gustan los católicos. Cuanto más tiempo pasa, más se distancia el Ejército de las tradiciones militares y católicas».

El colegio se encuentra en el municipio de La Flèche (La Flecha), de 15.000 habitantes, cuyos alcaldes, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, han sido todos de partidos de izquierdas, sobre todo socialistas, pero en las pasadas elecciones ganó por unas pocas docenas de votos la lista encabezada por Romain Lemoigne, un joven católico militante de Agrupación Nacional. Según las directrices de la dirección del Prytanée National Militaire, ¿sería bienvenido el alcalde en sus instalaciones?, ¿y sus votantes?

El ‘escándalo de las fichas’

Esta discriminación ha recordado a la que sufrieron los católicos a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, bajo el régimen de la III República. En 1904, un masón postergado por sus correligionarios desveló que el Gobierno y la masonería, dos instituciones solapadas, habían vigilado a los oficiales del Ejército a lo largo de todo el país mediante colegas y vecinos masones. Éstos anotaban datos de la vida personal de los militares, que servían a los masones para valorar su lealtad a la República y eliminarles de los ascensos, como la asistencia a misa, sus propiedades, los colegios a los que mandaba a sus hijos, sus comentarios sobre el gobierno o la propia masonería… las expresiones «jesuitero» y «clericanalla» abundaban en las fichas dedicadas a los oficiales católicos.

Un diputado tradicionalista abofeteó al ministro de la Guerra, el general Louis André, responsable del fichero, en la Asamblea y poco después cayó el gobierno anticatólico de Émile Combes.

Las consecuencias de este sectarismo masónico las sufrió Francia en la Primera Guerra Mundial. Los mandos, escogidos por los gobiernos de mayoría masónica de la III República, no eran los mejores en su campo, sino los más obedientes. En cambio, se postergó a oficiales más competentes. Uno de éstos fue Ferdinand Foch, que aparecía en las fichas elaboradas por los espías masónicos, como culpable de pecados republicanos como tener un hermano jesuita, Germain Foch, y ser miembro de la Unión Católica.

Su excelente desempeño durante la Gran Guerra le llevó al puesto de comandante supremo de los Aliados en marzo de 1918, en lugar del general Joseph Joffre, cuyos ascensos siempre estuvieron bajo sospecha de favoritismo por su pertenencia al Gran Oriente de Francia, al que se unió en 1875.

Cuando más de 1.000 militares franceses, incluidos una veintena de generales, advirtieron en 2023 en una carta pública de que el país puede caer en una guerra civil debido a la inmigración y al establecimiento de zonas al margen las leyes republicanas, esta conducta de la dirección del Prytanée National Militaire provoca las sospechas de que las élites de la V República estén seleccionando a los funcionarios y los miembros de los cuerpos armados basándose en su religión o ideología.

Coincidente con lo anterior, una consecuencia de esta doble vara de medir puede ser el desapego de las comunidades y los grupos discriminados respecto al régimen francés, el cual, en una crisis, podría quedarse sin defensores.

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