
Más de 200.000 personas han llenado las calles de Budapest para mostrar su apoyo al primer ministro Viktor Orbán y para rechazar lo que muchos de los asistentes calificaron como presiones del globalismo, en una movilización multitudinaria celebrada a pocas semanas de las elecciones parlamentarias previstas para el 12 de abril.
La concentración tuvo lugar ayer 15 de marzo, fecha en la que Hungría celebra su fiesta nacional en recuerdo de la revolución de 1848, un levantamiento histórico vinculado a la defensa de la soberanía nacional y a la lucha por la independencia política. Como suele ocurrir cada año, el aniversario se convirtió también en un escenario de confrontación política.
Los simpatizantes del Gobierno se congregaron en torno a la plaza Kossuth, frente al Parlamento húngaro, donde tuvo lugar la denominada Marcha por la Paz, una manifestación organizada para respaldar al Ejecutivo de Orbán. Desde allí se escucharon discursos del propio primer ministro y de varios dirigentes de su entorno político, ante una multitud que agitaba banderas nacionales y pancartas con consignas contra la influencia externa en el país. Entre los mensajes más repetidos figuraba el lema: «No seremos una colonia ucraniana».
En el otro extremo de la capital también se celebró una concentración más minoritaria impulsada por la oposición. Allí intervino Péter Magyar, líder del partido Tisza y principal rival de Orbán en los próximos comicios. Sus seguidores presentaron las elecciones como una oportunidad para redefinir el rumbo político del país y para impulsar cambios en el sistema institucional húngaro.