Italia vuelve a situarse en el centro de una batalla cultural después de que un grupo de intelectuales y activistas de izquierda intentara expulsar a una editorial vinculada al entorno de Fratelli d’Italia de una de las principales ferias del libro de Roma.
El objetivo del veto era Passaggio al Bosco, una editorial fundada en 2017 y que se define como un proyecto «militante» contra lo políticamente correcto. Su catálogo abarca desde ensayos ideológicos hasta biografías de figuras polémicas como Martin Sellner. Su nombre remite a Ernst Jünger y a la tradición intelectual de la Revolución Conservadora, un referente para parte de la derecha europea.
La editorial tiene raíces en Casaggì, un centro juvenil de derecha en Florencia que funciona como espacio político y cultural, con vínculos orgánicos con Fratelli d’Italia. Para sus detractores, representa una plataforma ideológica del actual Gobierno; para sus defensores, un proyecto cultural legítimo que la izquierda pretende silenciar.
Todo estalló cuando los organizadores de Più Libri Più Liberi, la mayor feria romana dedicada a editoriales independientes, confirmaron la participación de Passaggio al Bosco. Más de 80 escritores, historiadores y artistas firmaron una carta exigiendo su expulsión y alertando del supuesto riesgo de «normalizar ideologías fascistas o antisemitas». Varios autores se dieron de baja en señal de protesta.
La reacción fue inmediata. Académicos, periodistas y defensores de la libertad de expresión denunciaron un claro intento de censura política. El filósofo y exalcalde de Venecia Massimo Cacciari advirtió: «La batalla cultural no se gana censurando. Las ideas extremas se combaten estudiando y debatiendo, no prohibiendo». Finalmente, la editorial participó en la feria, pese a la presión mediática y política.
El episodio reabre un debate recurrente en Italia: la izquierda denuncia el avance del «neofascismo» bajo el Gobierno de derechas; la derecha asegura que la izquierda intenta blindar espacios culturales que ha controlado durante décadas. Pero lo ocurrido en Roma trasciende las fronteras italianas: forma parte de una disputa más amplia en Europa y Occidente entre libertad de expresión, censura ideológica y el ascenso de nuevas fuerzas conservadoras que desafían la hegemonía cultural progresista. El conflicto, como demuestra este caso, está lejos de cerrarse.