La UE pretende triplicar la capacidad de sus centros de datos
La expansión de la IA obliga a Bruselas a elegir entre su agenda climática y la soberanía tecnológica
La expansión de la IA obliga a Bruselas a elegir entre su agenda climática y la soberanía tecnológica
Centro de datos.
Por Rebeca Crespo
2 de agosto de 2026

La apuesta de Bruselas por convertir Europa en una potencia de la inteligencia artificial amenaza con agravar uno de los problemas que la Unión Europea (UE) asegura querer combatir: la dependencia energética del exterior. Un informe de The Shift Project advierte de que la construcción masiva de centros de datos elevará el consumo eléctrico y podría obligar a importar más combustibles fósiles.

El aviso afecta de lleno a la Ley de Desarrollo de la Nube y la Inteligencia Artificial —Cloud and AI Development Act (CADA), según su denominación oficial—, una de las iniciativas centrales de la Comisión Europea para reforzar la autonomía tecnológica del continente frente a Estados Unidos y China.

Bruselas pretende, entre otros objetivos, triplicar la capacidad de los centros de datos de la UE durante los próximos cinco o siete años, acelerar la concesión de permisos y facilitar el acceso de estas instalaciones a recursos como la energía, el suelo, el agua y la financiación.

Sin embargo, la expansión de esta infraestructura exige un suministro eléctrico considerable. Aunque el sector tecnológico suele presentarse como una actividad «inmaterial» y capaz de sustituir a la industria pesada, la inteligencia artificial necesita grandes instalaciones físicas, servidores, sistemas de refrigeración y un suministro constante de electricidad.

Los centros de datos ya consumen alrededor del 2,5% de toda la electricidad utilizada en Europa y su demanda crece a un ritmo anual del 7%, según The Shift Project. El centro de estudios calcula que ese consumo podría duplicarse entre 2023 y 2030 y triplicarse en 2035.

El problema adquiere una dimensión mayor en determinados países. En Irlanda, estas instalaciones absorben cerca del 20% del consumo eléctrico nacional, una cantidad equivalente a la de toda su industria. La presión sobre la red ya ha provocado restricciones de hecho a la apertura de nuevos centros tanto en este país como en Ámsterdam.

The Shift Project sostiene que más de la mitad de la electricidad consumida por los centros de datos de todo el mundo en 2024 procedió de combustibles fósiles. Si Europa no amplía a tiempo su capacidad de generación, la nueva demanda tecnológica podría cubrirse mediante gas, carbón o petróleo importados.

El investigador Maxime Kiener ha señalado que estos recursos podrían proceder de países como Rusia, Arabia Saudita, Estados Unidos, Irán, Irak o Kuwait, cuyos intereses estratégicos «no coinciden necesariamente con los de la Unión Europea», según unas declaraciones recogidas por Euractiv.

De esta forma, el intento de Bruselas de reducir la dependencia europea de las empresas tecnológicas extranjeras podría acabar aumentando su subordinación energética. La UE sustituiría parte de su dependencia digital por una mayor necesidad de importar combustibles para sostener la infraestructura destinada a la inteligencia artificial.

El informe reclama que la expansión de los centros de datos se incorpore a la planificación energética de los Estados miembros. También propone que el acceso a la electricidad baja en carbono se conceda en función del valor público de cada proyecto, ante el riesgo de que estas instalaciones compitan por la energía con la industria, los hogares o el transporte.

Entre sus recomendaciones figura que los centros de datos no puedan consumir electricidad con una intensidad de carbono superior a la de la red local. El grupo también pide controles para evitar que los operadores oculten su demanda real mediante generadores de combustibles fósiles situados fuera de la red eléctrica.

La financiación pública, añade, debería quedar condicionada a que las empresas revelen el consumo y la eficiencia energética de sus instalaciones. El objetivo es impedir que los fondos europeos financien proyectos tecnológicos presentados como sostenibles mientras una parte de su funcionamiento depende del gas o del petróleo.

La Comisión Europea reconoce que la demanda energética de los centros de datos constituye un desafío. Estos consumen alrededor de 415 teravatios hora al año en todo el mundo, el 1,5% de la electricidad global. Bruselas estima que la cifra podría superar los 945 teravatios hora en 2030, impulsada ante todo por el crecimiento de la inteligencia artificial.

El Ejecutivo comunitario prepara un sistema común de calificación energética y ambiental para estas instalaciones, además de unos estándares mínimos de rendimiento. El plan deberá evaluar factores como el consumo eléctrico, el uso de agua y las emisiones asociadas a cada centro.

La carrera tecnológica obliga así a Bruselas a enfrentarse a las consecuencias materiales de una economía que durante años presentó como limpia y posindustrial. La inteligencia artificial no elimina la necesidad de disponer de energía abundante. Al contrario, la multiplica en un momento en el que las políticas climáticas europeas han reducido el margen de numerosas fuentes convencionales y han debilitado la seguridad energética del continente.

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