
Londres, la capital del Reino Unido, sufrió durante el año 2024 el robo de un total de 116.655 teléfonos móviles, un nuevo récord provocado por la llegada masiva de inmigrantes ilegales, según denuncian asociaciones vecinales y grupos de presión que han pedido al Gobierno británico endurecer las medidas contra la delincuencia. La cifra supone un promedio de 320 aparatos sustraídos cada día, lo que equivale a 13 móviles arrebatados cada hora en las calles londinenses.
Las estadísticas oficiales de la Policía Metropolitana, obtenidas mediante la Ley de Libertad de Información por la campaña Crush Crime, reflejan que el número de robos de este tipo aumentó en más de 1.300 casos respecto al año anterior. Desde 2017 hasta 2024, el balance acumulado es demoledor: cerca de 684.000 teléfonos denunciados como sustraídos, con un valor conjunto estimado en 365 millones de libras esterlinas.
El auge de este delito comenzó antes de la pandemia. En 2019 se alcanzaron 91.000 denuncias, aunque el confinamiento provocó una reducción momentánea. Sin embargo, tras la reapertura, el fenómeno se disparó nuevamente y en 2023 ya se habían superado los niveles previos al Covid, con más de 115.000 terminales robados.
Los aparatos más deseados por los delincuentes siguen siendo los iPhone de Apple. Sólo en 2024 se notificaron casi 71.000 casos vinculados a ese modelo, muy por delante de los 14.000 teléfonos Samsung reportados como sustraídos.
El análisis de las franjas horarias confirma que las tardes y primeras horas de la noche son los momentos de mayor riesgo. Entre las 16.00 y las 19.00 se registraron más de 25.000 incidentes, mientras que en la franja menos conflictiva, de 6.00 a 7.00 de la mañana, apenas se contabilizaron algo más de mil.
El mapa del crimen sitúa a Westminster como el epicentro del problema, con más de 34.000 móviles robados en un solo año, seguido de Camden (10.907) y Southwark (7.316).
Pese a estas cifras alarmantes, la respuesta judicial resulta prácticamente simbólica. Durante 2024 únicamente 169 sospechosos fueron formalmente acusados y siete recibieron una advertencia, un número ínfimo en comparación con la magnitud del fenómeno.
Para el jurista Lawrence Newport, fundador de Crush Crime, «el país se enfrenta a una auténtica epidemia de robos de teléfonos y la clase política permanece de brazos cruzados». El experto asegura que «la mitad de los delitos son cometidos por apenas un 10% de delincuentes profesionales, lo que significa que un grupo reducido controla la mayoría de estos asaltos».