El sector emplea actualmente a cerca de 1,7 millones de trabajadores
La ofensiva eléctrica de China amenaza con destruir 730.000 empleos en la industria europea del automóvil
La ofensiva eléctrica de China amenaza con destruir 730.000 empleos en la industria europea del automóvil
Coches eléctricos chinos. Lars Penning
Por LGI
21 de julio de 2026

La apuesta de Bruselas por arrinconar el motor de combustión amenaza con acelerar el declive de la industria europea del automóvil y entregar a China el control del mercado eléctrico. Un estudio del Instituto Fraunhofer de Ingeniería Industrial (IAO) advierte de que el sector podría perder hasta 730.000 puestos de trabajo en Europa antes de 2040.

Las previsiones, recogidas por la revista especializada Autopista, dibujan una destrucción progresiva del empleo: 380.000 puestos desaparecerían hasta 2031, la cifra ascendería a 670.000 en 2035 y alcanzaría los 730.000 cinco años después. El sector analizado emplea actualmente a cerca de 1,7 millones de trabajadores.

La transformación no afectará sólo a las grandes plantas de ensamblaje. Buena parte del golpe recaerá sobre la extensa red de proveedores y fabricantes de componentes que durante décadas ha sostenido la potencia industrial europea. Alemania, cuya economía mantiene una fuerte dependencia del automóvil, sería uno de los países más perjudicados.

El problema no consiste únicamente en sustituir una tecnología por otra. Un vehículo eléctrico necesita alrededor de un tercio de las piezas empleadas en uno de gasolina o diésel. Su producción también exige mucha menos mano de obra: donde antes hacían falta cinco trabajadores para fabricar un automóvil de combustión, ahora puede bastar uno para producir uno eléctrico.

Esta reducción estructural de las necesidades laborales deja sin espacio a miles de empresas especializadas en motores, cajas de cambio, sistemas de escape, inyección y otros componentes que desaparecen en los vehículos eléctricos. El crecimiento de esta tecnología, además, no compensaría la caída prevista en la fabricación de automóviles tradicionales.

China aventaja a Europa en el coche eléctrico

La industria europea afronta esta reconversión desde una posición de debilidad. Los expertos calculan que China lleva cerca de una década de ventaja en el desarrollo del coche eléctrico, tanto por sus menores costes de producción como por su capacidad para incorporar nuevas soluciones tecnológicas.

Los fabricantes chinos ofrecen vehículos eléctricos más baratos y han construido una cadena de suministro que abarca desde el acceso a las materias primas hasta la fabricación de baterías y el ensamblaje final. Esa integración les permite reducir costes y lanzar nuevos modelos a una velocidad difícil de igualar para las marcas europeas.

China también ocupa una posición de fuerza en el desarrollo de las baterías. La industria trabaja desde hace años en la tecnología de estado sólido, llamada a aumentar la autonomía y reducir los tiempos de recarga, aunque su comercialización a gran escala todavía depende de superar obstáculos técnicos y económicos.

La situación se invierte cuando se examina el motor de combustión. Europa conserva una ventaja clara en la fabricación de motores de gasolina y diésel, un terreno en el que las compañías chinas no han alcanzado el mismo grado de experiencia. Algunas recurren a tecnología o propulsores de otros fabricantes para sus modelos híbridos, mientras concentran sus inversiones en el vehículo eléctrico.

Pekín ha optado así por competir en la tecnología que considera decisiva para el futuro, sin asumir el enorme coste que supondría alcanzar a Europa en los motores tradicionales. Bruselas, por el contrario, está debilitando mediante regulación el ámbito en el que sus fabricantes todavía mantienen una posición dominante.

La política de Bruselas agrava el riesgo industrial

La Unión Europea ha fijado para 2035 el objetivo de reducir al 100% las emisiones de dióxido de carbono de los turismos y furgonetas nuevos. En la práctica, este marco amenaza la continuidad de los vehículos de gasolina y diésel si no se reconoce un espacio suficiente para alternativas como los combustibles renovables y sintéticos.

La política comunitaria obliga a los fabricantes europeos a concentrar miles de millones de euros en una carrera eléctrica que China comenzó mucho antes y en la que controla buena parte de la cadena de valor. El resultado puede ser la destrucción del tejido industrial europeo sin que la producción perdida sea reemplazada dentro del continente.

El informe de Fraunhofer plantea así una advertencia directa a Bruselas: el ocaso del coche de combustión no será compensado por un crecimiento equivalente del eléctrico. Europa corre el riesgo de perder empleo, fábricas, proveedores y conocimiento industrial mientras aumenta su dependencia de las baterías y los automóviles chinos.

Frente a este escenario, el sector reclama una política de neutralidad tecnológica que permita utilizar otras soluciones capaces de reducir las emisiones. Entre ellas figuran los combustibles renovables que ya comercializan algunas petroleras en España y que permitirían aprovechar motores, fábricas e infraestructuras existentes.

La cuestión ya no se limita al modelo de automóvil que conducirán los europeos. La estrategia elegida por Bruselas decidirá también dónde se fabricarán esos vehículos y cuántos de los actuales puestos de trabajo industriales sobrevivirán a una transición diseñada mientras China consolida su dominio.

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