
Europa atraviesa una transformación demográfica de gran escala. La población nacida en el extranjero dentro de la Unión Europea ha alcanzado los 64,2 millones de personas en 2025, casi el doble que en 2010, según el último informe del centro de investigación CReAM en colaboración con la Rockwool Foundation.
El crecimiento es contundente: 24 millones de nuevos inmigrantes en apenas quince años, lo que supone un incremento cercano al 60%. Sólo en el último año, la UE sumó 2,1 millones de residentes extranjeros, consolidando una tendencia estructural al alza.
Sin embargo, el fenómeno no se distribuye de forma homogénea. Alemania continúa liderando en términos absolutos con cerca de 18 millones de inmigrantes, seguida por España y Francia, con aproximadamente 9,5 y 9,6 millones respectivamente.
El caso español destaca especialmente. España ha registrado el mayor crecimiento reciente, con 700.000 nuevos inmigrantes en un sólo año, lo que equivale a aproximadamente un tercio del incremento total en toda la Unión Europea.
Además, el país encabezó las llegadas en 2024 con más de 1,2 millones de entradas, superando incluso a Alemania. Entre ambos países concentraron prácticamente la mitad de todos los flujos migratorios hacia el bloque.
Más allá de las cifras absolutas, el informe subraya un elemento clave: los desequilibrios territoriales. Mientras algunas economías absorben grandes volúmenes en términos totales, países más pequeños soportan una presión mucho mayor en proporción a su población.
Así, Estados como Malta, Chipre o Luxemburgo registran tasas de llegada muy superiores a la media europea, lo que se traduce en impactos administrativos, sociales y políticos mucho más intensos.
La presión también se refleja en el sistema de asilo. En 2025 se registraron más de 669.000 solicitudes, concentradas en pocos países. España volvió a liderar este indicador con 141.000 peticiones, seguida de Italia, Francia y Alemania.
El informe destaca además que el 76% de la población extranjera se encuentra en edad de trabajar, lo que suele ser presentado como un factor positivo. Sin embargo, los autores advierten de que el impacto real depende de variables como la integración, la productividad y la capacidad de absorción de cada país.
En paralelo, la presencia de refugiados y beneficiarios de protección temporal sigue siendo significativa, con más de 4,3 millones de ucranianos en la UE y fuertes diferencias entre Estados en términos de carga relativa.