La nueva transcripción del caso agrava el escándalo en Reino Unido
La Policía británica tardó ocho minutos en ver la herida mortal de Henry Nowak tras esposarlo por una falsa acusación de racismo
La Policía británica tardó ocho minutos en ver la herida mortal de Henry Nowak tras esposarlo por una falsa acusación de racismo
Momento en el que Henry Nowak es esposado.
Por Rebeca Crespo
25 de junio de 2026

Ocho minutos. Ese fue el tiempo que tardó la Policía británica en descubrir la herida mortal de Henry Nowak, el universitario de 18 años apuñalado en Southampton y esposado después de que su asesino afirmara falsamente que había sido víctima de un ataque racista.

La nueva transcripción del incidente, difundida por la BBC sin objeción de la familia del joven, agrava el escándalo que rodea a la actuación de los agentes. Nowak había dicho que había sido apuñalado. También había repetido que no podía respirar. Pese a ello, los policías dieron crédito en un primer momento al relato de Vickrum Digwa, de 23 años y sij, que acusó al estudiante de haberle atacado con insultos racistas.

Ese relato era mentira. Digwa fue condenado a cadena perpetua con un mínimo de 21 años de prisión por el asesinato de Nowak. Sin embargo, durante los minutos decisivos, su versión consiguió desplazar la atención policial de la víctima al agresor.

La transcripción muestra con crudeza el momento en que la intervención cambia de sentido. Tres minutos después de la llegada de los agentes, Nowak yacía en una entrada de grava con las manos esposadas a la espalda. La ambulancia ya había sido solicitada, pero los policías aún no habían detectado la puñalada que le costó la vida.

Entonces llegó el pánico. Uno de los agentes advirtió: «No estoy seguro de que esté respirando». Una agente comprobó el pulso en el cuello y ordenó quitarle las esposas. Poco después comunicó por radio que el joven no respiraba y que no tenía pulso.

La escena retrata un fallo de criterio de consecuencias irreversibles. Los agentes pasaron de inmovilizar a Nowak a intentar salvarle la vida. Pidieron refuerzos, solicitaron asistencia médica y reclamaron un vehículo de respuesta armada, ya que muchos de estos equipos llevan desfibrilador y sus agentes reciben formación reforzada en primeros auxilios.

Pero la herida seguía sin aparecer. El joven había avisado. Las imágenes de la cámara corporal ya habían mostrado a Nowak mientras decía: «No puedo respirar«. También afirmó que había sido apuñalado. La respuesta de uno de los agentes fue: «No creo que te hayan apuñalado, amigo«, antes de participar en su reducción.

La nueva transcripción completa esa secuencia y la hace todavía más grave. Cuando Nowak deja de respirar, los agentes le retiran las esposas y comienzan la reanimación cardiopulmonar. Uno de ellos pide a los presentes que se aparten. Otro compañero habla de una persona inconsciente. El agente corrige la descripción: «No está inconsciente. No respira«.

La herida mortal no se detectó hasta la llegada de los sanitarios. Al cortar la ropa del joven, quedó al descubierto la puñalada en el pecho. Entonces, uno de los agentes preguntó: «¿Ha sido apuñalado ahí?». Después reconoció que había estado practicando compresiones sobre una herida de arma blanca.

La Policía de Hampshire y de la isla de Wight se encuentra ahora bajo investigación de la Oficina Independiente de Conducta Policial. La actuación de los agentes, el uso de las esposas y la asistencia prestada a Nowak forman parte de las pesquisas. La comisionada de Policía de Hampshire, Donna Jones, también ha pedido una inspección urgente sobre la cultura del cuerpo, la formación de los policías y su respuesta ante delitos con arma blanca.

El caso Henry Nowak concentra varias fracturas del Reino Unido actual: violencia con arma blanca, presión del multiculturalismo oficial, miedo institucional a las acusaciones de racismo y pérdida de confianza en una Policía cada vez más cuestionada por su distinta forma de actuar según el perfil de víctimas y agresores.

La transcripción no revela sólo unos minutos de confusión. Revela ocho minutos en los que una falsa acusación de racismo condicionó la intervención policial. Ocho minutos en los que Henry Nowak fue esposado, ignorado y finalmente atendido demasiado tarde. Ocho minutos que han dejado al descubierto una crisis mucho más profunda que un error operativo.

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