
Se agrava la crisis industrial en Alemania y los datos más recientes confirman un deterioro acelerado del empleo en el sector productivo. Durante 2025 se destruyeron alrededor de 124.000 puestos de trabajo, lo que supone un descenso del 2,3% de la plantilla, según un informe elaborado por EY a partir de estadísticas oficiales. Con ello, la fuerza laboral industrial cerró el año en unos 5,38 millones de trabajadores.
El retroceso duplica las pérdidas registradas en 2024 y evidencia la gravedad del momento. Jan Brorhilker, directivo de la consultora en Alemania, calificó la situación de «crisis profunda» y advirtió de que, sin un repunte relevante de la actividad, los ajustes podrían continuar en los próximos meses.
Uno de los principales motores de esta caída ha sido el deterioro prolongado de los ingresos. Desde 2023, la facturación del sector se ha reducido cerca de un 5%, obligando a muchas compañías a reducir costes y plantillas. En 2025, las ventas industriales volvieron a descender un 1,1%, encadenando el décimo trimestre consecutivo de contracción.
La evolución, además, ha sido desigual. El golpe más duro lo ha recibido el automóvil, responsable de unos 50.000 empleos perdidos en el último año. Este sector arrastra dificultades derivadas de la competencia internacional, los cambios regulatorios y el encarecimiento de la energía. Empresas como Mercedes han reducido beneficios y han decidido trasladar parte de su producción fuera del país. La multinacional confirmó recientemente que moverá la fabricación de su modelo Clase A desde la planta alemana de Rastatt hasta Hungría, una decisión que el Gobierno húngaro atribuyó a su estabilidad política y a un entorno más favorable a la inversión.
El partido Alternativa para Alemania ha responsabilizado a las políticas climáticas y energéticas del Ejecutivo de Berlín de la pérdida de competitividad. Entre sus propuestas figuran la paralización de la transición energética, el fin de la prohibición de motores de combustión y la reducción de exigencias medioambientales a la industria.
Otros sectores tradicionales, como el textil y el papelero, también registraron descensos importantes. En cambio, la metalurgia y la electrónica lograron mejorar su actividad, mientras que la química y la farmacéutica resistieron con apenas una pérdida de 2.000 empleos.