el precio de ceder las fronteras
Las sociedades paralelas devoran a Francia: inmigración, narcotráfico y barrios sin ley hunden el país en el caos
Las sociedades paralelas devoran a Francia: inmigración, narcotráfico y barrios sin ley hunden el país en el caos
Protestas en Francia.
Por Carlos Rioba
22 de julio de 2025

Las escenas de violencia que se han repetido este fin de semana en Limoges confirman lo que muchos franceses ya temen: Francia está deslizándose hacia una espiral de caos donde la ley y la autoridad desaparecen. Saqueos, disturbios organizados y guerras entre bandas de narcotraficantes han convertido buena parte de las ciudades en territorios sin control.

Limoges, en pleno centro del país, fue escenario el sábado de lo que su propio alcalde, Émile Roger Lombertie, calificó como una «guerra de guerrillas urbana». Más de 100 jóvenes, armados con cócteles molotov, barras de hierro y bates de béisbol, sembraron el pánico y se enfrentaron a la policía. Nueve agentes resultaron heridos. «Están organizados, estructurados, tienen un plan», advirtió el alcalde.

Las escenas de Limoges no son un hecho aislado. En París, el pasado 31 de mayo, cientos de jóvenes se amotinaron tras la victoria del PSG en la Champions League, rodeando un coche ocupado por dos mujeres y destrozando las ventanillas. Esa misma noche, en Compiègne, otra banda atacó una comisaría con morteros caseros. Días antes, se registraron enfrentamientos en Charleville-Mézières, y en Jullouville un grupo armado con cuchillos saqueó un restaurante.

Mientras tanto, en el sur del país, las ciudades mediterráneas de Béziers y Nimes sufren una sangrienta guerra territorial entre bandas de narcotraficantes. Y en Marsella, epicentro del narcotráfico francés, el balance de 2023 fue de 49 muertos y 118 heridos en tiroteos.

Se estima que el narcotráfico mueve al año en Francia unos 6.000.000.000 de euros, mientras la corrupción entre funcionarios y policías no deja de crecer. El ministro del Interior, Bruno Retailleau, habló sin ambages de una «mexicanización» del país.

El alcalde de Limoges fue más allá, señalando que la inmigración masiva y el extremismo islámico son también responsables del auge de sociedades paralelas, donde los predicadores radicales y los cárteles encuentran reclutas dispuestos en los barrios más empobrecidos.

Las consecuencias ya las sufre la economía. La violencia ha provocado una caída en las reservas hoteleras y de campings este verano. Casi un millón de franceses ha cambiado sus planes de vacaciones para evitar las zonas más conflictivas.

La advertencia ya no viene de críticos externos, sino de alcaldes, ministros y policías: barrios enteros de París y de muchas ciudades están al margen de la ley, y la anarquía se expande mientras las élites miran hacia otro lado. Francia paga hoy el precio de haber entregado su soberanía y su seguridad a quienes desprecian sus fronteras y su identidad.

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