
Los agricultores europeos se preparan para una nueva «tractorada» en Bruselas, alarmados por los recortes planteados en la Política Agrícola Común (PAC) y por la oleada de acuerdos comerciales que consideran letales para el campo. Tras un verano marcado por movilizaciones y protestas, el lobby agrario Copa-Cogeca ha anunciado una respuesta coordinada contra la Comisión Europea, a la que acusan de poner en peligro la seguridad alimentaria del continente y de abandonar al mundo rural.
La chispa de la protesta está en la propuesta presupuestaria para 2028-2034. Bruselas quiere reducir los fondos de la PAC en torno a un 30%, pasando de 386.600 millones de euros a poco más de 300.000 millones. Para el sector, es una sentencia de muerte para miles de explotaciones. «No nos vendan como un éxito un recorte del 25%», bramó en el Parlamento Europeo el eurodiputado Herbert Dorfmann. Su homólogo francés Gilles Pennelle fue más duro aún: «Están incendiando nuestros campos».
La indignación ha unido a partidos de izquierda y derecha en Estrasburgo, en un raro frente común contra Ursula von der Leyen. Pedro Barato, presidente de ASAJA, lo resumió en una concentración en julio: «Pasará a la historia como la sepulturera de la PAC, lo último que queda en pie de una Europa unida». Massimiliano Giansanti, al frente de Copa, fue incluso más lejos: «Si buscan una declaración de guerra con los agricultores, la tendrán».
A la tormenta presupuestaria se suma la diplomacia comercial de Bruselas. El inicio del proceso de ratificación del tratado Mercosur ha encendido las alarmas en Francia, Polonia y en todo el sector agrícola. La competencia de la carne sudamericana, mucho más barata, es vista como un golpe directo a la ganadería europea. «Firmar ahora ese pacto es una decisión desastrosa», alertó Eli Tsiforou, secretario general de Copa-Cogeca.
Por si fuera poco, Pekín ha respondido con aranceles de represalia contra la carne de cerdo y el brandy europeos, lo que ha empeorado aún más la situación de los productores. Todo ello ocurre mientras los presupuestos de defensa y espacio se disparan hasta los 131.000 millones, en contraste con los recortes al campo. «Si seguimos así, cuando falten agricultores en Europa entenderemos lo que significa depender de productos importados», advirtió Giansanti, enmarcando la protesta como un asunto de seguridad estratégica.