La crisis migratoria vuelve a desbordar a Países Bajos. Más de un centenar de solicitantes de asilo fueron trasladados este jueves desde el saturado centro de registro de Ter Apel a polideportivos y alojamientos de emergencia repartidos por el país, en medio de una creciente oposición vecinal a la apertura de nuevos espacios de acogida.
El municipio de Aa en Hunze, al que pertenece la localidad de Gieten, informó de que entre 90 y 100 personas fueron alojadas en el pabellón deportivo De Goorns tras una petición de Jaap Velema, alcalde de Westerwolde, donde se encuentra Ter Apel, el mayor centro de asilo de Países Bajos.
La decisión se tomó después de que decenas de inmigrantes permanecieran esperando sobre el césped en el exterior del centro de registro hasta última hora de la tarde. Dos autobuses llegaron sobre las 22.30 horas y partieron casi llenos rumbo a Gieten.
Un día antes, alrededor de 50 solicitantes de asilo habían sido enviados a Stadskanaal para pasar una noche después de que se agotara el espacio disponible en Ter Apel.
La situación también ha obligado a intervenir a Ámsterdam, que aceptó habilitar plazas adicionales de acogida tras una solicitud del ministro de Asuntos de Asilo, Bart van den Brink, según recoge De Telegraaf. Un portavoz municipal afirmó que el traslado desde Ter Apel hacia la capital ya se había puesto en marcha para aliviar la presión sobre el centro de registro.
Sin embargo, este jueves todavía no estaba claro si esas plazas adicionales serían suficientes para resolver el problema inmediato. La agencia de asilo reconoció que Ter Apel seguía lleno y que no había espacio para todos los recién llegados.
Ámsterdam aseguró que las nuevas plazas se sumarán a las 4.781 ya disponibles en la ciudad, una cifra que, según el Ayuntamiento, supera lo exigido por la ley nacional de distribución.
El uso de instalaciones públicas para alojar solicitantes de asilo ha generado un creciente rechazo en distintos municipios. A comienzos de mes, Hulst reaccionó con indignación tras confirmarse que la piscina Reynaertland volvería a ser utilizada como alojamiento de emergencia para inmigrantes.
Las protestas vecinales se han extendido también a otras localidades. En Loosdrecht, los vecinos llevan más de un mes movilizándose contra la llegada de nuevos solicitantes de asilo. En Engelen, los residentes protestan contra el plan para alojar a 50 menores inmigrantes no acompañados en una antigua comisaría de Policía.
El líder del Partido por la Libertad (PVV), Geert Wilders, visitó este jueves Engelen para dirigirse a los vecinos contrarios al centro. Allí advirtió de que este tipo de instalaciones pueden traer problemas de intimidación, violencia y deterioro de la seguridad local.
Wilders lanzó además un mensaje directo al alcalde Jack Mikkers: «Póngase del lado de su propia gente. Si no puede o no quiere, váyase».
Durante su intervención, el dirigente neerlandés cargó contra la inmigración masiva y el coste que, a su juicio, ha supuesto para los ciudadanos. «Países Bajos es Países Bajos, y el islam no pertenece a Países Bajos. La inmigración masiva ya nos ha costado cientos de miles de millones de euros», afirmó ante una multitud.
Wilders sostuvo que son los ciudadanos neerlandeses quienes pagan la factura de las políticas de fronteras abiertas. «¿Y quién paga la cuenta? Vosotros. Los neerlandeses. Y para pagar esa broma de la inmigración masiva y las fronteras abiertas, Jetten y su banda recortan ahora en sanidad, pensiones y seguridad social», añadió.
El colapso de Ter Apel se ha convertido en símbolo de una política migratoria que muchos neerlandeses consideran fuera de control. El sistema de acogida funciona al límite, los municipios se ven obligados a improvisar alojamientos en polideportivos y piscinas, y las comunidades locales denuncian que las decisiones se toman por encima de su voluntad.