
A la gran coalición de socialistas y populares que impera en Bruselas desde hace décadas no le gustan las ideas ni los tratados fundacionales de la UE. Quieren superarlos. No quieren una UE que represente y apoye a los Estados miembros, sino una UE donde éstos ejecuten las ordenes de Úrsula y de la élite globalista sin hacer preguntas y pese a sus intereses nacionales. En esta clave se entienden los procesos electorales en curso. Es la razón por la que quieren prohibir a AfD y apartar a Marine Le Pen de la contienda presidencial; la razón por la que le robaron la victoria al ganador de las presidenciales en Rumanía.
Las elecciones en Hungría son la próxima batalla entre globalistas y patriotas. Como Bruselas —que por mandato legal debería ser independiente y neutral— no aguanta que un país de 10 millones rechace la inmigración masiva, no comulgue con la ideología de género, apoye a las familias —¡qué barbaridad!— y no se doblegue ante la federalización encubierta de Europa, e incluso ose apuntar las consecuencias desastrosas de estas agendas, pues más vale acabar con ellos. Es decir, acabar con la oposición, con la alternativa. Viva la democracia de Bruselas!
La nueva herramienta húngara de Bruselas es Péter Magyar y su partido, Tisza. Los globalistas siempre han encontrado títeres cada vez que hay comicios en Hungría. Eso sí, siempre aplastados en las urnas. Esta vez hay dos novedades. En el campo globalista, Bruselas y sus élites se han quedado solas tras el viraje patriota de los EEUU. La otra diferencia es que han logrado lo impensable hasta ahora: unir en una sola fuerza a todo el voto anti-Orbán (verdes, progres, viejas élites comunistas, conservadores biempensantes, etc). Los partidos que hasta ahora componían ese frente opositor han desaparecido del panorama político. Aquel eslogan de «lo único que importa es ganar a Orbán» ha acabado con los propios partidos que lo profesaban.
Y, ¿qué se sabe del nuevo títere de Bruselas? Péter Magyar es para sus amos un candidato idóneo. Su libertad depende de ellos. Resulta que a Magyar, recién divorciado, le gusta la juerga. En una noche terminó particularmente mal, y el personal de seguridad tuvo que sacarle con fuerza de la discoteca por su comportamiento repugnante hacia chicas jóvenes. Al ver que algunos le grababan, les atacó, robándoles el móvil parar tirarlo al Danubio. Magyar acarrea por ello procesos judiciales abiertos. Eso sí, la mayoría social-pepera en Bruselas protege su inmunidad de eurodiputado y no deja que el juicio concluya. Por no hablar de los rumores entorno a su consumo de drogas.
La hemeroteca no es amiga de Magyar (como tampoco lo es para Sánchez). Al irrumpir en la política prometió que no iba a ser político, y en las europeas prometió que no iba a ser eurodiputado. Ya saben la historia, acabó siendo ambas. Es capaz de decir una cosa y al día siguiente lo contrario. Por ello es difícil creerle cuando dice que no abrirá la fronteras a la inmigración. Eso sí, logrará como dice que Bruselas le entregue al dinero que debe a los húngaros, porque él sí cumplirá los requisitos: inmigración, ideología de género, abandonar la causa de la paz en Ucrania. El precedente es Polonia, donde al día siguiente de ganar su amigo Donald Tusk, el Estado de derecho había sido restablecido, como por arte de magia. «Habrá que renunciar sólo a un poco de soberanía» para recibir ese dinero retenido, dijo Magyar. Música para los oídos de Úrsula.
Tanto desea Péter Magyar cumplir la misión encomendada por Bruselas que no le importa amedrentar ni intimidar. Los candidatos en sus listas tienen prohibido ser entrevistados. En más de una ocasión amenazó con cárcel a la prensa que no comulgue con él, incluso reprendiendo públicamente a periodistas progres por no presentar sus actos y palabras con suficiente entusiasmo, algo que a los húngaros les recuerda el comunismo, y a los españoles, cada vez más, a Sánchez. La violencia está cada día más a la orden del día en la campana. Justo esta semana, un simpatizante de Magyar agredió a una reportera de un medio conservador.
Pero Magyar es peor que Sánchez al menos a un respecto. El segundo está «profundamente enamorado a su esposa», mientras que Magyar es inclemente con las mujeres, incluso con la madre de sus tres hijos. Se estrenó en la política publicando un audio de su exesposa /exministra de justicia/, grabado en secreto, tan sólo la cima de las barbaridades que su mujer tuvo que aguantar durante su matrimonio. Eso sí, los de «hermana yo te creo» en este caso invirtieron el guion: a las de derechas no sólo no se las cree, sino que lo merecen. Y cómo no, nada de ello impidió que Tisza acceda al PPE. No sabemos si los peperos perdonaron la ofensa o celebraron el mérito.
Los estrategas de Magyar calcan las últimas campañas demócratas. ¿Recuerdan ustedes el coro de encuestas que daban como ganadora a Kamala? ¿Las acusaciones a Trump por supuesta injerencia rusa, reconocidas como bulos, pero que pesaron en todo su primer mandato? Pues eso: perder elecciones, ganando el relato.
Mientras tanto, Bruselas y Kiev colaboran para cortar el suministro del petróleo que atraviesa Ucrania en un intento de derrocar al Gobierno húngaro. Bruselas, aliada con un país tercero contra dos Estados miembros (Eslovaquia también está afectada). Desean tanto una derrota de Orbán que, sabiendo que Magyar no es rival, la ayudan donde puedan. Lo esperanzador es que al final serán los húngaros los que decidan.
Mientras existía la URRS, Moscú apoyaba líderes en Estados satélite que ejecutaban sus órdenes en nombre de su ideología, acaso contra los intereses nacionales propios. Los lideres de Bruselas parecen haber aprendido de ello. Es estremecedor ver las semejanzas con el vasallaje que imponen Úrsula y compañía. Todo para sobrevivir al mando, por sentirse cada vez más cuestionados.