
Los inmigrantes residentes en Alemania enviaron durante el último año más de 8.500 millones de euros a sus países de origen, una cifra récord que evidencia el extraordinario crecimiento de las remesas paralelo al aumento de la población extranjera durante la última década.
Los datos de la Deutsche Bundesbank muestran que estas transferencias alcanzaron en 2025 los 8.500 millones de euros, frente a los poco más de 3.500 millones que se registraban diez años antes. El incremento supera así el 140% en apenas una década, después de años en los que el volumen de dinero enviado desde Alemania hacia el extranjero se había mantenido relativamente estable.
El salto coincide temporalmente con dos grandes movimientos migratorios que han transformado la composición demográfica del país: la crisis migratoria de 2015 y 2016 y la llegada masiva de refugiados ucranianos a partir de 2022.
El destino de las transferencias muestra además que una parte mayoritaria del dinero abandona por completo el espacio comunitario. Según los datos analizados, más del 61% de las remesas enviadas desde Alemania durante el último año tuvo como destino países ajenos a la Unión Europea. Turquía continúa encabezando la lista de receptores, manteniendo una posición histórica ligada a la numerosa comunidad turca instalada en Alemania durante décadas.
Pero durante los últimos años han aumentado especialmente las transferencias hacia países asiáticos como India, Afganistán y Yemen, al mismo tiempo que la guerra de Ucrania ha disparado el dinero enviado hacia este último país. La evolución dibuja así un mapa financiero directamente relacionado con las sucesivas oleadas migratorias que ha recibido Alemania.
Durante los primeros años del siglo XXI, las remesas permanecieron en niveles considerablemente inferiores a los actuales. La tendencia cambió de forma clara después de 2015, cuando Alemania abrió sus fronteras a cientos de miles de solicitantes de asilo durante la crisis migratoria impulsada bajo el Gobierno de Angela Merkel.
A medida que aumentó la población procedente de Oriente Próximo, Asia y África, también comenzó a crecer el volumen de dinero enviado desde Alemania a los países de origen.
Un nuevo salto se produjo desde 2022 con la llegada de cientos de miles de ucranianos como consecuencia de la invasión rusa. La evolución de las remesas funciona así como otro indicador del impacto económico de la transformación migratoria experimentada por Alemania durante la última década.
El crecimiento se mantiene pese a que varios estados alemanes han implantado durante los últimos años la denominada tarjeta de pago para solicitantes de asilo, concebida, entre otros objetivos, para restringir el uso de determinadas prestaciones públicas y dificultar que el dinero recibido por los refugiados pueda ser enviado al extranjero. La medida no ha impedido que las remesas alcancen un nuevo máximo histórico.
Sin embargo, los datos no permiten afirmar que los 8.500 millones procedan de prestaciones sociales. Una parte importante de las transferencias corresponde a salarios obtenidos legalmente por trabajadores extranjeros residentes en Alemania.
El caso de India resulta especialmente ilustrativo: el país registra un fuerte aumento de las remesas pese a que una gran parte de sus ciudadanos presentes en Alemania llegan como trabajadores cualificados o estudiantes y no como solicitantes de asilo.
Esta distinción no altera, sin embargo, el efecto económico fundamental: miles de millones de euros generados dentro de Alemania terminan siendo transferidos cada año al extranjero en lugar de permanecer en el circuito económico nacional.
El crecimiento resulta especialmente significativo por su velocidad. Mientras hace una década las transferencias apenas superaban los 3.500 millones de euros anuales, ahora rozan los 8.500 millones.
Es decir, Alemania registra actualmente unos 5.000 millones de euros adicionales cada año en dinero enviado a otros países respecto a los niveles de hace una década. La cifra añade una nueva dimensión al debate alemán sobre las consecuencias económicas de la inmigración, que tradicionalmente se ha concentrado en el gasto público en asilo, vivienda, integración y prestaciones sociales.