
Varias encuestas difundidas por medios franceses dan por sentenciado a Emmanuel Macron. La mayoría de los ciudadanos considera que el presidente debería abandonar el cargo de forma anticipada para poner fin a la crisis política que sacude a Francia. Según un estudio de Toluna-Harris Interactive para la emisora RTL, un 73% de los participantes respalda la dimisión del jefe del Estado, y un 76% le atribuye la responsabilidad principal del caos político que desembocó en la renuncia del primer ministro Sébastien Le Corneille.
El sondeo de RTL también refleja que los franceses culpan a Macron de las tensiones que siguieron a las dimisiones de anteriores primeros ministros, como Michel Barnier y François Bayrou, en lo que consideran una cadena de crisis institucionales provocadas por la falta de consenso político.
Otras encuestas recientes confirman esa tendencia de desaprobación. El Instituto Francés de Opinión Pública (IFOP), Elabe y Odoxa-BackBone Consulting —en estudios realizados para LCI, BFMTV y Le Figaro, respectivamente— muestran que entre el 51% y el 70% de los encuestados prefiere la dimisión presidencial como la mejor salida a la actual parálisis. Cada sondeo se llevó a cabo entre unos mil ciudadanos mayores de edad y evidencia un deterioro pronunciado en la confianza hacia Macron.
Como alternativa a la renuncia, una parte importante del electorado propone disolver la Asamblea Nacional y convocar elecciones legislativas anticipadas. Según IFOP, un 66% de los consultados vería con buenos ojos esa medida, mientras que el 53% cree que el presidente acabará aplicándola en los próximos meses. Los datos de Odoxa-BackBone Consulting muestran un 60% de apoyo a la disolución, aunque Elabe registra una cifra menor, con solo un 42% de respaldo a esa opción.
El origen inmediato de la crisis se remonta a la renuncia del primer ministro Sébastien Le Corneille, presentada tras las críticas recibidas por su nuevo gabinete, en el que trece de los dieciocho ministerios permanecieron en manos de los mismos titulares. El gesto fue interpretado como una muestra del agotamiento del gobierno y del aislamiento del presidente.
Horas después, el Palacio del Elíseo confirmó que Macron había pedido a Le Corneille continuar las conversaciones con todas las fuerzas políticas hasta mediados de semana para definir una «plataforma de estabilidad nacional». En caso de que las negociaciones fracasen, el propio presidente aseguró que «asumirá la responsabilidad» de las decisiones venideras, según fuentes cercanas citadas por la prensa gala.
En un clima de desconfianza generalizada y con la popularidad del presidente en caída libre, las encuestas reflejan una percepción compartida: Francia se encuentra en una encrucijada política, y una mayoría creciente de ciudadanos cree que la salida de Macron podría ser el punto de partida para restaurar la estabilidad institucional.