La presidenta del Consejo de Ministros de Italia, Giorgia Meloni, ha logrado completar una profunda transformación de las ayudas sociales mientras el país registra cifras récord de ocupación y un desempleo históricamente bajo. Según los datos del Istat recogidos por elEconomista.es, Italia alcanzó los 24,36 millones de trabajadores en el segundo trimestre de 2026, unos 246.000 más que un año antes. La tasa de empleo llegó al 63,4% y el paro se situó en el 6,3%. Esta evolución coincide con la sustitución de la antigua renta de ciudadanía, aunque las estadísticas disponibles no permiten atribuir directamente la mejora a su retirada.
El nuevo modelo comenzó a desplegarse en 2023 y reemplazó definitivamente al anterior en enero de 2024. El Ejecutivo estableció dos instrumentos diferenciados: el Assegno di inclusione, dirigido principalmente a hogares con menores, personas con discapacidad, mayores o integrantes en situaciones especiales de vulnerabilidad; y el Supporto per la formazione e il lavoro, que condiciona la prestación a la participación en programas de formación y activación laboral. La reforma provocó manifestaciones y cortes de tráfico en localidades del sur, donde numerosas familias denunciaron que perderían una fuente esencial de ingresos.
Los registros del Instituto Nacional de la Seguridad Social italiano permiten observar el alcance del cambio. De los aproximadamente 1,07 millones de hogares que cobraban la renta o la pensión de ciudadanía en julio de 2023, un 60% había accedido a alguna de las nuevas prestaciones al terminar 2024. Otro 25% no presentó solicitudes y el 15% restante recibió una respuesta negativa. Además, el 26% de aquellas familias contó con al menos un miembro que encontró trabajo durante 2024. Ese dato muestra incorporaciones al empleo, pero no determina cuántas se produjeron como consecuencia de la reforma. En junio de 2026, el subsidio de inclusión llegaba a unos 690.000 hogares, con una cuantía media mensual de 672 euros, mientras que el apoyo a la formación sumaba 84.304 perceptores individuales.
El avance laboral resulta especialmente significativo en el Mezzogiorno, históricamente rezagado respecto al centro y el norte. Su tasa de ocupación ha alcanzado el 54,2%, casi seis puntos por encima del nivel de 2020. En Sicilia, el porcentaje ha pasado del 44,4% al 51,4%. La recuperación tiene también otros motores: según las cifras difundidas por Il Sole 24 Ore, la economía del sur creció un 8,5% entre 2021 y 2024, frente al 5,8% del centro y el norte. En ese periodo se generaron cerca de medio millón de empleos, impulsados por la construcción, el turismo, la industria y las inversiones del Plan de Recuperación europeo.
La reordenación de las prestaciones también ha tenido costes para parte de sus antiguos beneficiarios. El Istat calcula que unas 850.000 familias vieron reducirse sus ingresos disponibles, con una pérdida media próxima a los 2.600 euros anuales. El balance exige, por tanto, considerar tanto las incorporaciones al trabajo como la situación de quienes quedaron fuera de las nuevas ayudas. A ello se añaden dificultades estructurales que persisten: la tasa de ocupación italiana permanece aproximadamente ocho puntos por debajo de la media de la zona euro, con una participación especialmente reducida entre mujeres y jóvenes.
El fortalecimiento del empleo ha contribuido, entretanto, a mejorar la valoración de la economía italiana. Scope Ratings ha confirmado la calificación del país en BBB+ con perspectiva positiva y destaca que la ocupación, la solidez empresarial y la situación del sector bancario refuerzan su capacidad para afrontar perturbaciones. La agencia prevé un crecimiento del PIB del 1% en 2026, una inflación del 3% y un déficit público del 2,9%, junto con un superávit primario del 1,2%. En su análisis, el aumento de los trabajadores sostiene el consumo y amortigua la pérdida de poder adquisitivo, aunque la escasa productividad sigue limitando el potencial de crecimiento.