La presidenta del Consejo de Ministros de Italia, Giorgia Meloni, celebró este miércoles la aprobación definitiva en el Parlamento de una reforma energética que, según su Gobierno, cierra casi cuatro décadas de parálisis nuclear. Tras el visto bueno final del Senado, Italia vuelve a contar con un marco legal para producir energía atómica, una decisión que Meloni definió como «valiente y de sentido común».
La votación en el Senado se saldó con 81 votos a favor, 51 en contra y 7 abstenciones. El texto, impulsado por el Ejecutivo y ya aprobado en junio por la Cámara de Diputados, no autoriza de inmediato la construcción de centrales. Lo que hace es devolver al país un cuadro de reglas para el llamado «nuclear sostenible» y otorga al Gobierno 12 meses para redactar los decretos de aplicación sobre seguridad, autorizaciones, gestión de residuos y relación con los territorios.
Italia cerró su último reactor en 1990, después del referéndum de 1987 celebrado a raíz de Chernóbil. Un segundo referéndum, en 2011 y tras Fukushima, volvió a bloquear cualquier relanzamiento. Desde entonces, el país importa electricidad generada en centrales nucleares de Estados vecinos —sobre todo Francia— sin poder producirla en su propio territorio. Meloni lo ha resumido así: «Hoy importamos electricidad producida por las centrales nucleares de naciones cercanas, pero no podemos producirla nosotros. Esta ley sirve para cambiar las cosas».
En su mensaje, la premier ha argumentado que la reforma significa, para familias y empresas, más seguridad energética, menos dependencia del exterior y menor exposición a crisis internacionales «que hemos pagado en la factura». Ha añadido que se trata de energía estable y de bajas emisiones, pensada para complementar a las renovables, y de una respuesta a la demanda eléctrica que crecerá con los centros de datos y la inteligencia artificial. Ha insistido, además, en que no se habla de las viejas centrales, sino de tecnologías de nueva generación, en particular pequeños reactores modulares (SMR).
El ministro de Medio Ambiente y Seguridad Energética, Gilberto Pichetto Fratin, ha calificado la jornada de histórica y ha situado la posible entrada en funcionamiento de los primeros reactores entre 2033 y 2034. El Gobierno estima que, si el nuclear llegara a cubrir al menos el 11% de la mezcla energética, Italia podría ahorrar unos 17.000 millones de euros en costes de descarbonización hasta 2050. El Plan Nacional de Energía y Clima contempla que esa cuota podría alcanzar el 22%.
La oposición ha votado en contra y ha denunciado plazos largos, costes inciertos y el hecho de que la tecnología modular aún no está plenamente comercial. También ha recordado que los italianos rechazaron el nuclear en las urnas en dos ocasiones. Una encuesta de junio de Demopolis refleja esa tensión: un 51% apoya reabrir la producción nuclear, pero una mayoría se opone a tener una planta cerca de su casa.
Meloni ha cerrado su anuncio con una frase política: era un compromiso adquirido con los italianos y, ha dicho, «otro compromiso que hemos cumplido». El siguiente paso ya no es parlamentario. Ahora el Ejecutivo debe traducir la ley marco en normas concretas. Solo entonces Italia podrá pasar del anuncio histórico a la posibilidad real de volver a generar energía nuclear en su territorio.