
Miles de manifestantes se concentraron este lunes en Berlín para protestar contra el Gobierno federal del canciller Friedrich Merz, en una nueva muestra del creciente hartazgo ciudadano ante la deriva política de Alemania.
La protesta, celebrada en las inmediaciones de la Puerta de Brandeburgo, reunió a ciudadanos que portaban banderas alemanas y enseñas por la paz. Los asistentes corearon consignas contra el canciller democristiano, entre ellas «Merz debe irse», en rechazo a un Ejecutivo al que acusan de perpetuar las políticas que han llevado al país a una profunda crisis migratoria, energética y social.
La movilización fue impulsada bajo el nombre «Project M1llion» por Marcel Baldauf, procedente de Sajonia, con el objetivo de reunir hasta un millón de personas contra el rumbo político del país. La convocatoria fue difundida a través de distintos grupos de Telegram y se celebró sin símbolos de partidos, aunque con una fuerte presencia de banderas nacionales y pacifistas.
Los organizadores circularon una lista de 11 reivindicaciones, entre ellas la convocatoria de nuevas elecciones, una nueva política migratoria, la abolición del impuesto al CO2, la paralización de las reformas sanitarias, la supresión del canon obligatorio de radiotelevisión y una mayor rendición de cuentas de los políticos.
El mensaje de fondo fue claro: una parte creciente de Alemania considera que Merz no ha supuesto una ruptura real con el ciclo de decadencia anterior, sino la continuidad de un modelo agotado. Lejos de corregir el legado de Angela Merkel y del progresismo alemán, su Gobierno es visto por muchos ciudadanos como una administración incapaz de frenar la inmigración masiva, recuperar la seguridad, aliviar la presión fiscal o devolver competitividad a la economía.
La protesta también reflejó el rechazo a la política energética impuesta durante los últimos años, marcada por la fiscalidad verde, el encarecimiento de la vida y el castigo a familias, trabajadores y empresas. La exigencia de abolir el impuesto al CO2 resume el malestar de una sociedad cansada de pagar los costes de una transición ideológica que ha debilitado a la antigua potencia industrial europea.
El descontento se extiende además a la política exterior y a la financiación de guerras ajenas. En redes sociales, varios participantes denunciaron que Alemania ha sido destruida por la combinación de inmigración masiva, gasto exterior y abandono de los intereses nacionales.
La manifestación se produce en un momento especialmente delicado para Merz. Su Gobierno de coalición entre la CDU/CSU y el SPD atraviesa una profunda pérdida de apoyo, mientras Alternativa para Alemania se consolida como primera fuerza en distintos sondeos nacionales.
El canciller llegó al poder prometiendo orden, seriedad y corrección de rumbo. Pero para muchos alemanes, su Gobierno ha terminado atrapado en el mismo consenso que ha llevado al país a una crisis de seguridad, endeudamiento, desindustrialización y fractura social.
Unos 700 policías fueron desplegados en la capital alemana para vigilar esta y otras manifestaciones celebradas durante la jornada.