
Tras el caso que implica al Colegio de Europa de Brujas y el Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE) y que ha producido la detención de la exjefa de la diplomacia de la UE Federica Mogherini, se demuestra que los pactos entre populares y socialistas en Bruselas han dejado a su paso varios escándalos corrupción envueltos en un manto de total opacidad.
Para quien tenga buena memoria será fácil recordar, además del caso Mogherini, al menos cuatro grandes escándalos que han implicado a las élites de Bruselas en los últimos tiempos: el Pfizergate, el caso Reynders, el caso Timmermans y Sinkevičius y el caso Breton.
Este caso, que compromete a la propia presidente de la Comisión, Úrsula Von der Leyen, implicaba el intercambio de mensajes de texto (SMS) con el CEO de Pfizer para obtener un contrato que permitiese la compra de vacunas por 36.000 millones de euros, sin ningún tipo de controles.
Ante los cuestionamientos que surgieron en la opinión pública, Von der Leyen decidió omitir la publicación de dichos mensajes, abonando con ello a la falta de transparencia y la impunidad frente a conductas reprochables. Posteriormente el Tribunal de Justicia de la Unión Europea concedió la razón a quienes solicitaban la publicación de dicha información.
Una investigación reciente apunta que el excomisario de Justicia durante la primera gestión de Úrsula Von der Leyen en la Comisión, Didier Reynders, habría estado utilizando juegos de azar como apuestas y loterías para el blanqueo de capitales.
Reynders fue un aliado de primer ordne de Von der Leyen mientras estuvo en el cargo, además de haber permitido el pacto de reparto entre PP y PSOE para controlar el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) en España.
El Pacto Verde no podía quedar fuera de los escándalos de corrupción. En este caso Frans Timmermans, exvicepresidente de la Comisión, y uno de los principales ideólogos del plan que arruina a agricultores y ganaderos europeos es señalado junto al excomisario Virginijus Sinkevičius por haber permitido asignaciones irregulares a ONG ambientalistas.
En concreto se, se alude que Timmermans y Sinkevičius desdeñaron todo tipo de controles al conceder miles de euros a organizaciones de manera directa, para favorecer determinadas agendas ideológicas.
Finalmente, el caso que involucra a Thierry Breton pone sobre la mesa un posible conflicto de interés. El ahora excomisario de Mercado Interior se saltó el periodo de «enfriamiento» (de aproximadamente dos años) que debe operar al dejar dicho cargo y asumió un puesto en el consejo asesor del Bank of America.
El «permiso» que recibió Breton para materializar dicha acción pone en evidencia la absoluta discrecionalidad con la que es capaz de actuar el órgano liderado por Von der Leyen, echando por tierra cualquier estándar de independencia institucional.