
La compañía energética estatal sueca Vattenfall anunció el pasado jueves que apostará por los reactores modulares pequeños (SMR, por sus siglas en inglés) como base para levantar la primera nueva instalación nuclear en Suecia en más de cuarenta años.
El emplazamiento elegido es la central de Ringhals, en la costa suroccidental del país, donde se contempla un proyecto de gran envergadura: bien cinco unidades diseñadas por la firma estadounidense Vernova o, en su defecto, tres desarrolladas por la británica Rolls Royce. En ambos casos, la potencia conjunta alcanzaría aproximadamente 1.500 megavatios y la previsión es que puedan comenzar a operar hacia mediados de la próxima década.
En torno a este plan no solo se mueve Vattenfall. También se ha sumado Industrikraft, un consorcio que integra a diecisiete gigantes de la economía sueca de distintos sectores, entre los que se encuentran nombres tan conocidos como Volvo, Boliden, Alfa Laval y Stora Enso.
La decisión de apostar por esta tecnología nuclear responde a razones técnicas, económicas y logísticas, explicó la compañía. No obstante, el compromiso definitivo con la inversión no llegará antes de 2029, pese a que el Gobierno había prometido tener en marcha nuevas obras antes de que finalice la legislatura actual.
El Ejecutivo de Ulf Kristersson, en el poder desde finales de 2022, ha hecho de la energía atómica uno de los ejes centrales de su política energética, en detrimento de un mayor impulso a las renovables. El propio primer ministro celebró en la red social X que el país “avanza hacia un suministro eléctrico más competitivo, seguro y sostenible gracias a la nueva nuclear”. Más tarde, en una comparecencia ante los medios, insistió en que un marco político estable será imprescindible para dar viabilidad a este tipo de inversiones.
El Parlamento (Riksdag) ya había allanado el terreno en mayo con la aprobación de una normativa que introduce préstamos estatales ventajosos y un precio mínimo garantizado para la electricidad de origen nuclear. La medida entró en vigor el 1 de agosto y ofrece cobertura para una capacidad equivalente a unos 5.000 megavatios, es decir, el tamaño de cuatro reactores de gran escala. El coste estimado se eleva a al menos 400.000 millones de coronas suecas (unos 37.000 millones de euros), de los que tres cuartas partes serían sufragadas con créditos públicos en condiciones favorables.
Esa legislación, sin embargo, no fija límites máximos al volumen de préstamos ni define con claridad el coste real de las futuras centrales, lo que ha suscitado críticas de los partidos opositores, que además reprochan al Gobierno su escasa atención a la energía solar y eólica.
Vattenfall tampoco descarta ampliar el proyecto con más reactores en Ringhals, lo que podría sumar otros 1.000 megavatios a la capacidad inicial. Suecia, en cualquier caso, se ha marcado un horizonte ambicioso: triplicar su parque nuclear en los próximos veinte años para poder duplicar hacia 2045 la producción total de electricidad y así blindar el suministro nacional.