
Un estudio realizado en Alemania ha desmontado uno de los grandes relatos del progresismo europeo: la supuesta superioridad moral en materia de tolerancia. Según una encuesta del Instituto Allensbach, los votantes de Los Verdes son los menos tolerantes con las opiniones contrarias entre los principales electorados del país.
El 28% de los simpatizantes de Los Verdes reconoce que le molesta con frecuencia escuchar puntos de vista distintos a los suyos, el porcentaje más alto de todos los partidos analizados. La cifra supera incluso a la de los votantes de AfD (24%), así como a los de la CDU/CSU (19%) y el Partido Socialdemócrata de Alemania (18%). La media nacional se sitúa en el 21%.
El sondeo, realizado entre finales de marzo y principios de abril sobre una muestra representativa de la población alemana, apunta además a otro dato incómodo: un mayor nivel educativo no implica necesariamente mayor apertura al debate, desmontando otro de los pilares del discurso dominante.
Más allá de las cifras, el estudio refleja una tendencia de fondo: una creciente incapacidad para convivir con la discrepancia. Aunque dos de cada tres encuestados se consideran buenos oyentes y el 80% afirma que escuchar es clave en una relación respetuosa, la realidad muestra una brecha evidente entre la autoimagen y el comportamiento real.
De hecho, uno de cada cuatro admite que le cuesta escuchar sin interrumpir o sin imponer su propio punto de vista, y un 57% reconoce que tiene en su entorno cercano a personas con las que directamente evita hablar de política porque las diferencias son insalvables.
El informe también señala que las relaciones personales tienden a ser cada vez más homogéneas ideológicamente, mientras que el uso intensivo de redes sociales agrava la falta de escucha y la polarización.
En este contexto, el caso reciente de un ciudadano investigado por compartir un meme crítico con el vicecanciller Robert Habeck ha reavivado el debate sobre los límites de la libertad de expresión en el país.