
En la remota isla de Gavdos, el punto más meridional del país con apenas 70 habitantes, un vídeo viral muestra a varios bañistas en traje de baño empujando de vuelta al mar una patera cargada de inmigrantes ilegales que intentaba desembarcar en la costa.
La escena refleja el hartazgo de los residentes, que temen que su pequeña isla siga el destino de Lampedusa, desbordada durante décadas por la inmigración masiva procedente de África. Según datos oficiales, sólo el pasado fin de semana llegaron más de 850 inmigrantes a Gavdos y Creta, lo que ha saturado las mínimas infraestructuras locales.
El propio ministro de Migración, Thanos Plevris, reconoció que la situación es crítica y aseguró que los recién llegados están siendo trasladados al continente en «lugares de confinamiento», no de acogida, porque «estas personas son consideradas prisioneros» al haber entrado de forma ilegal. Desde julio, el Gobierno griego dejó de tramitar solicitudes de asilo para quienes arriban desde el norte de África: deben aceptar la deportación voluntaria o enfrentar hasta cinco años de prisión.
🇬🇷 A boat full of migrants was pushed back to sea by tourists on a Greek island
— Visegrád 24 (@visegrad24) September 16, 2025
The boat was later intercepted by a Frontex patrol crew, with the migrants brought to the island’s port.
Last weekend alone, about 850 migrants arrived on the Greek islands of Gavdos and Crete. pic.twitter.com/dvVFk6yZva
La avalancha migratoria ha encendido además las alarmas geopolíticas. Atenas sospecha que la oleada no es casual, sino que responde a una estrategia de instrumentalización de migrantes por parte del mariscal libio Khalifa Haftar, apoyado por Turquía, con el objetivo de presionar a la Unión Europea y obtener ventaja en la disputa energética del Mediterráneo oriental.