La deriva animalista ha llegado al Parlamento con una propuesta que pretende cambiar de raíz la consideración legal del caballo: un proyecto de ley busca declarar a los equinos «animales de compañía» y, en consecuencia, prohibir su sacrificio y consumo como alimento.
La iniciativa, presentada por la diputada Michela Vittoria Brambilla, del partido Noi Moderati, ya ha comenzado su tramitación en la Comisión de Agricultura de la Cámara. El texto, identificado como AC 48 y titulado «Normas para la Protección de los Équidos y su Reconocimiento como Animales de Compañía», plantea una transformación completa del marco legal vigente.
Según la promotora, los caballos siguen siendo «explotados en todos los sentidos» y, en demasiadas ocasiones, su destino final es el matadero. La propuesta contempla una prohibición amplia que no sólo afectaría al sacrificio y la venta de carne, sino también a la exportación para sacrificio, el uso en espectáculos considerados peligrosos o estresantes, determinadas prácticas deportivas y la utilización en experimentación científica.
La reforma incluiría además sanciones severas: penas de prisión de hasta tres años y multas de entre 30.000 y 100.000 euros para quienes críen caballos con fines de consumo humano, con agravantes si la carne llega a comercializarse.
El debate se produce en un país donde el consumo de carne de caballo ha descendido notablemente en la última década. Según datos oficiales, el número de sacrificios ha pasado de más de 70.000 en 2012 a alrededor de 22.000 en 2024. Encuestas recientes apuntan a que solo el 17% de los consumidores de carne afirma ingerirla al menos una vez al mes, mientras que una parte creciente de la población considera a los equinos como mascotas.
Organizaciones animalistas como OIPA o Igualdad Animal han respaldado la iniciativa, argumentando que los caballos han sido históricamente explotados como fuerza de trabajo, medio de transporte y recurso en conflictos bélicos, y que hoy siguen sometidos a presión en competiciones deportivas.
Sin embargo, el proyecto abre un intenso debate sobre hasta dónde debe llegar la redefinición cultural y jurídica de los animales en la sociedad contemporánea. La propuesta pretende que todos los caballos pasen automáticamente a la categoría «Non Dpa» (no destinados a la producción alimentaria), lo que haría ilegal su sacrificio con fines de consumo.