Un inmigrante eritreo de unos 30 años ha sido condenado a cuatro años de prisión por violar a una mujer de 82 años, aunque se le evitó la expulsión del país gracias «a su larga trayectoria de adaptación e integración» en Suecia.
Las pesquisas policiales descubrieron vestigios de esperma en las sábanas de la octogenaria. El perfil genético de esas huellas coincidió plenamente con el del acusado, quien la noche del crimen accedió a la oficina de su empleadora y abrió un armario de llaves pese a no encontrarse de servicio.
La víctima, una persona frágil que sufre deterioro de la memoria reciente, recibía atención domiciliaria por parte del ahora sentenciado. El 3 de noviembre de 2025 su hijo dio aviso a las autoridades tras el ataque. En las declaraciones posteriores, la anciana relató el suceso como algo que le provocó dolor y malestar intenso.
Durante los interrogatorios el hombre rechazó toda responsabilidad. Al principio sostuvo que la mancha de semen procedía de una conversación erótica mantenida por teléfono con su pareja durante una visita laboral anterior. Después rectificó y aseguró que se había masturbado de forma oculta en otra jornada de trabajo y había eyaculado sobre la cama de la mujer.
El tribunal desestimó por completo estas explicaciones y consideró acreditada la comisión del delito. Aunque la fiscalía defendió que los hechos debían considerarse violación agravada por la avanzada edad de la afectada, su delicado estado de salud y la relación de dependencia que mantenía con su cuidador, los jueces lo calificaron como violación ordinaria, subrayando que se trató de un acto de corta duración sin amenazas ni violencia física.
La acusación había pedido también la deportación perpetua del condenado. Sin embargo, el órgano judicial rechazó esa medida. Argumentó que el eritreo llegó a Suecia siendo niño, lleva casi veinte años residiendo allí, habla el idioma local con soltura y ha mantenido empleo en los últimos tiempos, circunstancias que elevan considerablemente el umbral exigido por la ley para autorizar una expulsión.
Aun así, el tribunal reconoció la gravedad del crimen y los antecedentes delictivos del acusado, que incluyen condenas anteriores por robos y hurtos menores, así como infracciones graves vinculadas a bandas criminales de Estocolmo. En 2022 el Tribunal de Apelación de Svea le impuso una pena de dos años y dos meses por narcotráfico agravado y conducción bajo los efectos del alcohol en grado agravado. La empresa de cuidados lo contrató a pesar de esos registros previos.
Los magistrados advirtieron expresamente que existe un claro riesgo de que el hombre continúe cometiendo delitos.