«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Elaborado por el MCC Brussels

Un nuevo informe denuncia que Bruselas utiliza el programa Jean Monnet para promover la ideología globalista en las universidades españolas

Pasillo de un colegio en Valdemoro, Madrid. Europa Press.

El último informe de MCC Brussels, titulado Professors of Propaganda y firmado por el analista Thomas Fazi, afirma que el Programa Jean Monnet, integrado en Erasmus+, no es un instrumento académico neutral, sino una maquinaria de propaganda institucional cuidadosamente diseñada para alinear la universidad europea con la agenda política de Bruselas.

La Comisión Europea lo admite sin tapujos. Desde su creación en 1989, el Jean Monnet no se limita a «estudiar» la integración, sino que la «promueve» activamente . Documentos oficiales exigen a los beneficiarios mantener una «alineación continua y frecuente» con las prioridades de la Comisión y fomentar la identidad europea . El propio Joseph H. H. Weiler, uno de los grandes juristas europeos y ex presidente del Instituto Universitario Europeo, reconoció que la misión de un profesor Jean Monnet es ser un «embajador intelectual de la Unión y sus valores» .

El alcance del programa es gigantesco: 875 cátedras, 1.000 módulos y 160 centros de excelencia en más de 70 países, que llegan cada año a medio millón de estudiantes . Desde su incorporación a Erasmus+ en 2014, el gasto acumulado se calcula entre 220 y 275 millones de euros, a razón de unos 25 millones anuales . Las cifras no son menores: cada cátedra recibe hasta 60.000 € por tres años, cada módulo 35.000 € y cada centro de excelencia 100.000 € .

Pero más allá del presupuesto, lo decisivo es la orientación ideológica. El informe recoge decenas de proyectos que no ocultan sus objetivos: «promover la identidad europea«, «combatir el auge del euroescepticismo y de los partidos de extrema derecha» o «contrarrestar la desinformación anti-UE» . En la práctica, esto significa que las universidades funcionan como correas de transmisión política, difundiendo la narrativa de Bruselas sobre el clima, la inmigración, el Estado de derecho o la digitalización.

En este marco, los estudiantes dejan de ser formados en el pensamiento crítico para convertirse en sujetos a moldear. Un proyecto financiado por el programa presumía de inculcar «las ventajas y responsabilidades de la ciudadanía europea» en los alumnos . El informe es tajante: lejos de la tradición humboldtiana de la universidad —centrada en la búsqueda desinteresada de la verdad—, el Jean Monnet convierte la docencia en ingeniería social.

España: el epicentro del entramado

El caso español es especialmente revelador. Entre 1990 y 2022, España fue el país que más cátedras Jean Monnet recibió en el mundo: 203, un 13% del total . Le siguen Italia (182), Francia (139), Reino Unido (133) y Alemania (110).

Las universidades españolas dominan el ranking global: la Complutense de Madrid encabeza con 25 cátedras, seguida de la Universidad de Valencia (14), la Carlos III (10), la UNED (9), la Autónoma de Barcelona, la Granada y la Pompeu Fabra (8 cada una) . En la práctica, esto significa que el corazón de las ciencias sociales españolas —Derecho, Ciencias Políticas, Economía, Historia— lleva tres décadas impregnado por el prisma de Bruselas.

El impacto no es sólo académico. El propio diseño del programa exige a los beneficiarios actuar como agentes de alcance, organizando conferencias, colaborando con ONG y medios de comunicación y presentando sus conclusiones en foros políticos . Es decir, las cátedras Jean Monnet no se limitan a enseñar, sino que deben proyectar hacia la sociedad la agenda comunitaria.

Un modelo que erosiona la libertad académica

La conclusión del informe es clara: el Jean Monnet es un programa «explícitamente estructurado para proyectar las preferencias políticas de la UE, incrustando contenidos proeuropeos en los planes de estudio y moldeando el discurso público«. La libertad de cátedra se ve así subordinada a una lógica de financiación política, donde las universidades reciben recursos siempre que se alineen con la agenda comunitaria.

Frente a ello, los autores reclaman volver al modelo clásico de la universidad: pluralismo, independencia, crítica, mérito académico y transparencia en la financiación. En otras palabras, romper el vínculo entre fondos europeos y adoctrinamiento político.

El reto es mayúsculo. Hoy, cientos de miles de estudiantes españoles cursan asignaturas y leen manuales que han sido diseñados, directa o indirectamente, para inculcar la fe en el proyecto supranacional y censurar a voces divergentes.

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