
Una mujer italiana de 44 años se encuentra en estado crítico tras haber sido violada, golpeada y mutilada por un refugiado originario de Malí, de 24 años, que le arrancó la oreja de un mordisco durante el ataque.
El agresor fue arrestado pocas horas después, cubierto con la sangre de la víctima y en posesión de sus documentos personales y tarjetas bancarias. Según la policía, el ataque ocurrió la noche del 6 al 7 de octubre, en las inmediaciones de un aparcamiento junto a la estación de tren de Sondrio, al norte del país. La víctima fue arrastrada, golpeada con extrema violencia y agredida sexualmente hasta quedar inconsciente.
Un transeúnte encontró a la mujer tendida en el suelo, ensangrentada y con el rostro desfigurado, y avisó a las autoridades. Los sanitarios constataron signos evidentes de violación y múltiples laceraciones profundas en todo el cuerpo. Fue intubada e ingresada de urgencia en el hospital de Sondrio, donde permanece bajo sedación.
El fiscal general Piero Basilone calificó el suceso de «extrema gravedad y brutalidad«, mientras que fuentes judiciales confirmaron que el agresor, identificado como K.M., se encontraba bajo los efectos del alcohol y las drogas al momento de su detención.
El detenido residía en un centro de acogida para refugiados en Valle di Colorina, gestionado por una ONG subvencionada por el Estado. Este hecho ha reabierto el debate sobre la gestión de la inmigración en Italia, especialmente tras una oleada de crímenes sexuales cometidos por extranjeros.
Según datos del Ministerio del Interior, más de 11.000 mujeres italianas han sido violadas por inmigrantes desde 2018, una cifra que refleja la crisis de seguridad y convivencia que enfrenta el país.
La indignación ha sido inmediata. Dirigentes de Hermanos de Italia y de La Liga denunciaron el caso como una «consecuencia directa del sistema de acogida sin control» y reclamaron el cierre de los centros gestionados por ONG que «alimentan la impunidad bajo el pretexto de la solidaridad«.