
Los residentes de Birmingham, Inglaterra, están ondeando la Cruz de San Jorge en desafío a los funcionarios de la ciudad que ordenaron retirar las banderas de las farolas y rotondas al considerarlas «no autorizadas» y un posible riesgo para la seguridad vial. Lo que comenzó en el barrio de Weoley Castle se ha transformado en un movimiento vecinal que ya recorre varias calles del sur de la ciudad, donde los vecinos lucen el emblema inglés en viviendas y espacios públicos pese a las advertencias del consistorio.
El sentimiento de hartazgo se ha extendido entre muchos ciudadanos que critican que se les califique de «racistas» por mostrar orgullo nacional. Alegan que, mientras se reducen ayudas sociales a los jubilados y se destinan fondos a alojar a solicitantes de asilo en hoteles, a los ingleses se les reprime su identidad. «Cuando lo hacen los escoceses o los galeses, se celebra su cultura; cuando lo hacemos nosotros, nos señalan. Es absurdo», ha afirmado Darren Elms, uno de los participantes en la protesta, en declaraciones a The Sun.
El movimiento ha adoptado el nombre de «Operación Levanten los Colores» y, además de la Cruz de San Jorge, en distintas ciudades británicas también se han desplegado Union Jacks en apoyo a la iniciativa. Los organizadores defienden que no se trata de un gesto político, sino de una reivindicación de orgullo nacional y de igualdad de trato respecto a otras naciones del Reino Unido.
El pulso entre los vecinos y el ayuntamiento sigue abierto, pero lo cierto es que la iniciativa ha despertado una ola de solidaridad en toda Inglaterra, convirtiendo las banderas en un símbolo de resistencia cultural frente a lo que consideran una restricción injusta de sus tradiciones.