
Colombia vota este domingo 21 de junio en una de las elecciones más decisivas de su historia reciente. La segunda vuelta de las presidenciales enfrenta al candidato conservador Abelardo de la Espriella con el senador Iván Cepeda, heredero político del presidente Gustavo Petro y representante de un Pacto Histórico que aspira a prolongar el experimento socialista en la Casa de Nariño.
El país no llega a las urnas en una situación normal. Llega con la seguridad deteriorada, el narcotráfico fortalecido, las guerrillas rearmadas, el Estado debilitado y un Gobierno que ha presentado como «Paz Total» lo que sus críticos consideran una claudicación ante los grupos criminales. La elección no sólo decide un presidente. Decide si Colombia rompe con el petrismo o si profundiza el modelo que ha hundido a Venezuela, sometido a Nicaragua y mantiene a Cuba bajo una dictadura comunista desde hace más de seis décadas.
El periodista y abogado colombiano Dmar Córdoba lo resume en una conversación con LA GACETA con una advertencia directa: «Colombia está en riesgo. Colombia está a punto de caer en la dictadura del Socialismo del siglo XXI«. Su diagnóstico es claro: el presidente Gustavo Petro ha dejado un país más inseguro, más expuesto al narcotráfico y más cerca del bloque ideológico que domina buena parte de la izquierda iberoamericana.
Cepeda no aparece en esta lectura como una figura autónoma, sino como el candidato de continuidad. Córdoba lo define como el heredero de Petro y advierte de que su propuesta pasa por profundizar unas reformas sociales que, en la práctica, no han reducido la violencia ni han ordenado la economía. Con el actual Gobierno, sostiene, lo que ha crecido es el narcotráfico, la inseguridad, el desempleo y el deterioro institucional.
La violencia política pesa sobre toda la campaña. El asesinato del senador y precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay, atacado en junio de 2025 y fallecido después, marcó un punto de inflexión en la percepción del país. Córdoba sostiene que ese crimen no es un hecho aislado, sino parte de una cadena de violencia contra líderes políticos, periodistas y dirigentes que se oponen al proyecto de Petro.
«Los muertos los está poniendo la derecha», afirma. Según el periodista colombiano, en lo que va de 2026 se han registrado más de 65 masacres en el país. A su juicio, esa cifra desmonta el relato oficial de la «Paz Total» y evidencia que el Gobierno ha dado margen a las disidencias de las FARC, al ELN, al Clan del Golfo y a otras estructuras narcoterroristas.
La política de Petro hacia los criminales es uno de los puntos centrales de la elección. Córdoba acusa al Gobierno de haber entregado beneficios bajo la excusa de la paz. La consecuencia, sostiene, ha sido un país más débil frente a los grupos armados y más inseguro para los ciudadanos. «Seguridad no puede haber cuando el Gobierno, con la excusa de la paz, lo que ha hecho es entregarle más beneficios a los criminales«, advierte.
El narcotráfico aparece como el gran beneficiario de ese repliegue del Estado. Córdoba asegura que Colombia es hoy el principal exportador de cocaína del mundo y que cerca del 70% de la droga que se consume en el planeta sale del país. También denuncia que los cultivos ilícitos han alcanzado más de 350.000 hectáreas de coca bajo el mandato de Petro.
El candidato Abelardo de la Espriella ha construido su campaña precisamente sobre la promesa contraria: restablecer la seguridad, recuperar el orden público y devolver autoridad al Estado. Abogado penalista, empresario y figura ajena a la política tradicional, se ha convertido en el candidato que capitaliza el hartazgo frente al petrismo. En primera vuelta obtuvo el 43,7% de los votos, por delante del 40,9% de Cepeda, y llega al domingo con la expectativa de consolidar esa ventaja.
Córdoba lo presenta como un outsider con capacidad para romper el tablero político colombiano. La clave de su candidatura, añade, es que promete una paz basada en la fuerza del Estado y no en las concesiones a los criminales.
El contraste con Petro es frontal. El actual presidente llegó al poder tras una vida política marcada por su pasado en el M-19, la guerrilla que fue amnistiada por el Estado colombiano. Para Córdoba, esa trayectoria explica buena parte de su relación con los grupos armados y su desprecio por los límites institucionales. «Tenemos a un tipo que viene de la guerrilla y que es tremendamente peligroso y que no acata lo que dice la Constitución y la ley», afirma.
La campaña también está marcada por el temor a que el petrismo no acepte una derrota. Córdoba recuerda que el entorno del Gobierno ya ha deslizado la posibilidad de una crisis de orden público si pierde Cepeda. Cita, en concreto, las palabras atribuidas al exfuncionario Carlos Carrillo sobre una eventual «situación de orden público difícil de conjurar». Para el periodista, ese mensaje equivale a una amenaza política antes de la votación.
El antecedente está en las revueltas de 2021 y 2022, cuando Colombia sufrió bloqueos, violencia en las calles, ataques contra miembros de la fuerza pública y secuestros de civiles por parte de estructuras vinculadas a la llamada primera línea. La izquierda presentó aquellos hechos como un «estallido social». Córdoba los interpreta como una estrategia de presión que allanó el camino de Petro hacia el poder.
«Incendiaron Colombia durante tres meses. Estuvimos sitiados en las principales ciudades», recuerda. La preocupación ahora es que una derrota de Cepeda reactive ese mismo esquema: desconocer el resultado político en las urnas y trasladar la batalla a la calle.
La corrupción también golpea al Gobierno Petro. Córdoba cita el caso de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo, el organismo encargado de atender emergencias, como símbolo del saqueo del Estado. Según su relato, el escándalo supera los dos billones de pesos y ha salpicado a ministros y altos funcionarios del Ejecutivo. También menciona el caso de Carlos Ramón González, antiguo militante del M-19 y hombre próximo a Petro, refugiado en Nicaragua bajo el amparo del régimen de Daniel Ortega.
El periodista colombiano establece además un paralelismo entre el petrismo y el sanchismo. A su juicio, ambos responden a una misma lógica de poder: expansión del Estado, retórica social, deterioro institucional, apertura de fronteras y corrupción. En el caso colombiano, denuncia también la creación de un Ministerio de Igualdad que «cuesta un dineral» y no ofrece resultados reales a los ciudadanos.
La inmigración venezolana es otro de los efectos directos del eje socialista iberoamericano. Colombia ha recibido más de tres millones de venezolanos tras la destrucción económica y política del régimen chavista. Córdoba subraya que entre quienes han llegado hay personas trabajadoras, pero también estructuras criminales como el Tren de Aragua, banda que ya ha extendido su presencia por varios países, incluida España.
El fondo de la elección, por tanto, va más allá de Colombia. Para Córdoba, una victoria de Cepeda supondría consolidar otro foco del Socialismo del siglo XXI en Iberoamérica. Petro y Cepeda, recuerda, nunca han roto políticamente con el dictador Nicolás Maduro, con la dictadura castrista ni con el régimen de Daniel Ortega. Esa red de afinidades ideológicas explica el temor de quienes ven en estas elecciones una batalla regional.
La observación internacional también mira hacia Colombia. Foro Madrid ha desplegado una misión de 22 personas para seguir el proceso electoral, en su vigésima misión internacional. Córdoba valora esa presencia como una garantía política ante una votación que considera determinante para la región. «Si se pierde Colombia, se termina de perder Latinoamérica«, advierte.
La jornada electoral comenzará a las ocho de la mañana y terminará a las cuatro de la tarde. Colombia suele conocer las primeras tendencias poco después del cierre de las urnas. El domingo se sabrá si De la Espriella logra una victoria suficiente para cerrar el paso al petrismo o si Cepeda consigue mantener a la izquierda en el poder.
Para millones de colombianos, la pregunta ya no es sólo quién gobernará durante los próximos cuatro años. La cuestión es si Colombia recupera el control del Estado o si queda atrapada en la órbita política de Cuba, Venezuela y Nicaragua.