El primer paso para la victoria de Abelardo de la Espriella en las elecciones a la presidencia de Colombia quizás se dio el 20 de enero de 2025, cuando Donald Trump, el mismo día de su toma de posesión, entre las docenas de decretos que firmó se encontraba uno que congelaba toda la ayuda exterior por noventa días y ordenaba la inspección de la agencia federal USAID, cuyo presupuesto en 2023 ascendió a 63.000 millones de dólares.
De revisar el gasto de USAID se encargó el departamento DOGE, dirigido por el empresario Elon Musk. Al final, se despidió a más de 10.000 empleados, se suspendió el 90% de los programas y se pasó el resto de la agencia al Departamento de Estado. USAID no sólo subvencionaba vacunas y agua potable, como dicen sus defensores, sino obras de teatro queer, clases de cerámica, otras fundaciones (como la Open Society de la familia Soros) y cientos de medios de comunicación de sesgo izquierdista y globalista.
Por eso, algunos asocian el cierre de USAID con el final de la ola socialista e indigenista en Iberoamérica. Desde mediados de 2025, en las siete elecciones presidenciales celebradas en el continente han vencido candidatos de derechas o soberanistas: Daniel Noboa en Ecuador; Nasry Asfura en Honduras; José Antonio Kast en Chile; Rodrigo Paz en Bolivia; Laura Fernández Delgado en Costa Rica; Keiko Fujimori en Perú; y Abelardo de la Espriella en Colombia.
El vínculo se encuentra en la supresión de subvenciones y becas a miles de periodistas y cientos de medios, que difundían propaganda izquierdista, como la emergencia climática, la maldad del capitalismo o las bondades de los candidatos del Grupo de Puebla. Y los países donde trabajaban se encontraban en Ucrania, Brasil, Argentina, México, Honduras, India…
El presidente de El Salvador, Nayib Bukele escribió en X en febrero de 2025: «La gran mayoría de los periodistas y medios ‘independientes’ son, en realidad, parte de una operación mundial de lavado de dinero cuyo objetivo es impulsar la agenda globalista, junto con las ONG financiadas bajo el mismo esquema».
De acuerdo con un trabajo elaborado por la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), Reporteros sin Fronteras (RSF) y otras organizaciones periodísticas, la agencia USAID presupuestó para 2025 la cantidad de 268,3 millones de dólares para medios de comunicación (radios, periódicos, semanarios…), periodistas «independientes» y «verificadores» de Iberoamérica y el resto del mundo. Millones de dólares que una vez llegan a su destino pueden convertirse en tertulias, podcasts, columnas de opinión y, al final, en votos.
El cierre de las subvenciones también afectó a ONG, como la mexicana Distintas Latitudes, que se dedica a «crear redes entre medios y periodistas en América Latina y el Caribe». Estas asociaciones sin ánimo de lucro han servido para camuflar el flujo de dólares.
El periódico El País publicó hace un año y medio un artículo con el siguiente titular: «La suspensión de fondos de USAID, el último gran golpe a la prensa independiente latinoamericana». Lógicamente, si un periódico quiebra porque le deja de financiar un gobierno extranjero es que no es «independiente».
Uno de esos medios es la revista argentina Anfibia, a la que sus detractores acusan de promover y defender el kirchnerismo. Su director declaró que tendría que reducir la redacción y, también, que cientos de medios de comunicación americanos podían quebrar al perder las subvenciones de USAID o de las ONG a las que la agencia financiaba para que luego las repartiesen.
El cierre de USAID ha contribuido a que el debate público en Iberoamérica ya no esté volcado a la izquierda y, sin duda, ha tenido efectos en las elecciones celebradas desde entonces.
Otras dos acciones del presidente Trump que también han tenido consecuencias en el derribo del edificio de manipulación y mentiras de la izquierda son la intervención militar de EEUU en Venezuela en enero pasado, pues el gobierno tolerado ya no puede gastar dinero en pagar a sus defensores, y la presión sobre Cuba, cuyo régimen ha sido el gran corruptor material y moral de los americanos, con la revolución comunista como objetivo y la violencia guerrillera como vía para alcanzarla.