
La economía argentina parecía condenada al estancamiento tras el terremoto político y financiero del verano. Entre julio y agosto, el estimador de actividad económica se hundía, la incertidumbre crecía y la popularidad del presidente Javier Milei parecía tambalearse. Sin embargo, los pronósticos de colapso han quedado atrás. La contundente victoria electoral del libertario, el desplome del riesgo país y la recuperación de los indicadores macroeconómicos han devuelto a la economía argentina a su senda de crecimiento imparable.
El riesgo país cayó más de 400 puntos básicos en pocas semanas, situándose alrededor de los 650, mientras que acciones y bonos repuntaron con fuerza tras las elecciones. La actividad real —que antes del verano crecía entre el 5% y el 6% interanual— ha retomado su ritmo, respaldada por la moderación de la inflación, ahora en el 2,3% mensual tras cerrar 2023 por encima del 20%, y por un tipo de cambio estabilizado.
El cambio de expectativas tiene una base sólida. El Indicador Líder (IL) de la Universidad Torcuato Di Tella, diseñado para anticipar los giros del ciclo económico, registró en octubre un salto desestacionalizado del 5,97%, una cifra excepcional que revela una aceleración previa a la mejora de los datos oficiales. Incluso la componente estructural del índice avanzó un 0,13%, señal de que el repunte no es un rebote puntual, sino un proceso sostenido.
En términos interanuales, el IL crece un 3,26%, y el índice tendencia-ciclo un 2,91%, confirmando que el país está dejando atrás la fase más dura del ajuste. El Índice de Difusión (IDCIF) alcanza el 70%, lo que implica que siete de cada diez series económicas muestran avances simultáneos: una recuperación amplia, transversal y robusta. La probabilidad de permanecer en una fase expansiva en los próximos meses es del 98,79%, un nivel extremadamente inusual para una economía tan volátil como la argentina.
El resurgimiento económico coincide con el regreso del crédito, la mejora de expectativas y una creciente seguridad entre los argentinos de que el programa de reformas de Milei podrá aplicarse con mayor estabilidad política tras las elecciones de medio término. El propio economista Nouriel Roubini sostiene que «por primera vez en mucho tiempo, Argentina podría escapar de las políticas que la llevaron repetidamente al impago y la inflación». Y añade que el electorado parece dispuesto a asumir dificultades de corto plazo antes que volver a las recetas peronistas.
El reto inmediato será transformar este impulso en crecimiento potencial: Milei buscará aprobar reformas laborales y tributarias mediante acuerdos parlamentarios más amplios. Si logra consolidar este rumbo, la liberalización económica podría atraer inversión nacional y extranjera, reforzando un ciclo expansivo que Argentina no veía desde hace décadas.