
El pasado domingo 16 de noviembre se realizó la primera vuelta presidencial en Chile, en la cual pasaron al balotaje el líder del Partido Republicano, José Antonio Kast (23,92%), y la comunista Jeannette Jara (26,85%). Si bien, numerosas encuestadoras afirman que las posibilidades de que la candidata del oficialismo sea electa presidente de Chile son bajas —Panel Ciudadano UDD pronostica que Kast ganaría con un 61% a Jara (39%) en segunda vuelta— la amenaza comunista es real, a pesar de que Jara se presenta falsamente como una candidata moderada de centroizquierda.
Jeannette Jara (51) milita en las Juventudes Comunistas desde que tiene 14 años. Su primera aparición pública fue en 1997, época en la que estudió Administración Pública, fue presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Santiago de Chile y encabezó prolongadas movilizaciones estudiantiles contra el gobierno de Eduardo Frei, por considerar el sistema de educación «neoliberal». De hecho, en esta etapa enfrentó episodios de confrontación policial, en la que estuvo detenida por haber mordido a un policía en una protesta del 11 de septiembre (aniversario del Pronunciamiento Militar contra el gobierno de Salvador Allende). Tras pasar de las Juventudes Comunistas al PC en 1999, ascendió rápidamente en la orgánica, integrando el comité central en los años 2000.
Tras egresar de la universidad, Jeannette Jara inició su carrera de funcionaria pública con una intensa actividad sindical. Su ascenso en el sector público se consolidó durante el segundo gobierno de Michelle Bachelet, primero como jefa de gabinete en la Subsecretaría de Previsión Social y luego como subsecretaria del área.
En el marco de las protestas del 18 de octubre de 2019, Jara presentó dos querellas por homicidio frustrado contra el entonces general director de Carabineros, Mario Rozas, a quien atribuyó —sin pruebas— responsabilidad en las lesiones que habrían sufrido algunos manifestantes. De esta época, circulan fotos de Jara posando con el símbolo octubrista «el perro matapacos» estampado en una polera, que simboliza el odio a Carabineros por parte de la extrema izquierda chilena.
Con la llegada de Boric al gobierno, Jara ofició como ministra del Trabajo. En este periodo, la comunista lideró la normativa contra el acoso laboral (también llamada Ley Karin, que ve las relaciones laborales desde la ideología de género), la reducción de la jornada a 40 horas semanales (que se instaló como una victoria del comunismo chileno), la reforma del sistema de pensiones (en la que el oficialismo trató de imponer un sistema de reparto pero sin éxito) y el aumento del salario mínimo, generando estancamiento a nivel laboral y económico.
Una vez que asume el desafío de ser la carta presidencial del Partido Comunista, adoptó un estilo similar al de Michelle Bachelet al mostrarse como una candidata supuestamente maternal. Dejó de teñir su cabello de color castaño oscuro, y ha optado por lucirlo completamente gris canoso. Para las primarias de las izquierdas chilenas —realizadas el pasado 29 de junio—, buscó distanciarse de Carolina Tohá, la carta del centroizquierda, quien lucía un look más aburguesado. En cambio, Jara ha usado estratégicamente atuendos sencillos e, incluso, desaliñados, se ha mostrado bailando música cumbia, y ha enfatizado en numerosas ocasiones que tiene una trayectoria de vida humilde, incluso cercana a la pobreza, lo que queda de manifiesto cuando afirmó que nació en cuna de mimbre, que fue temporera, o cuando ha afirmado que se debe retirar de las ruedas de prensa porque debe ir a su casa a hacer aseo y cocinar.
Jara es una política camaleónica. A pesar de que ha militado toda su vida en el Partido Comunista, afirmó que es «socialdemócrata» y de centroizquierda. Incluso, señaló en un momento que renunciaría al Partido Comunista si ganaba la primaria de izquierdas —cosa que no hizo—, y tras la primera vuelta afirmó que si sale electa presidente dejará el partido para «gobernar para todos«. No obstante, y a pesar de que reconoció que Venezuela posee un régimen autoritario dudó en hacerlo con Cuba, pues sostuvo que la isla cubana «tiene un sistema democrático diferente«. Con todo, por más que busca demostrarse como una candidata que tiende al centro, no pudo evitar celebrar en el cierre de su campaña presidencial los gritos de sus adherentes cuando decían que “el que no salta es paco” (policía).
Sin embargo, el diablo se esconde en los detalles. En su programa de gobierno se esbozan numerosas políticas y definiciones que implican un completo retroceso para Chile. En líneas generales, plantea un aumento del Estado y una gran expansión del gasto público, con una orientación ideológica centrada en derechos sociales universales, redistribución y enfoque de género. Esto se observa cuando afirma que su eventual gobierno buscará «garantizar condiciones de vida dignas mediante un Estado Social” y el énfasis transversal en “perspectiva de género, derechos de las mujeres e inclusión social».
Es más, en el plan de gobierno sostiene que su proyecto se construye en totalidad con «perspectiva de género» y que no debe haber discriminación «por cómo se vive, cómo se ama». Si bien, evita hablar explícitamente sobre temas valóricos en su programa, ha anunciado a la prensa que continuará con tramitación de proyecto de aborto libre hasta las 14 semanas en su eventual gobierno.
Por otro lado, Jara anunció el «Ingreso Vital», un salario mínimo de $750.000 pesos chilenos (693 euros aproximadamente). No obstante, en el Gobierno de Gabriel Boric, el salario mínimo pasó de $350 mil en 2022 a $529 mil en septiembre de 2025, pero este aumento no se tradujo en una mejora para los chilenos. Ya que según el Banco Central y datos de la OCDE, la mitad del aumento fue absorbido por la inflación, lo que no significó una mejora real.
A pesar de que Jeannette Jara fue ministra del Trabajo en el actual Gobierno, no logró mejorar las tasas de desocupación. Para el trimestre móvil marzo-mayo de 2025 (cuando aún se mantenía como jefa de la cartera de Trabajo), la desocupación subió hasta el 8,9% y el desempleo femenino llegó al 10,1%, representando cifras alarmantes. Para los expertos, las reformas del gobierno generaron el deterioro del mercado laboral. Este escenario permite adelantar el completo retroceso en materia económica que sufriría Chile ante un eventual gobierno de la comunista Jara. Sin duda, Jara fue la Ministra del desempleo para el país.
En definitiva, Jeannette Jara representa una completa amenaza para Chile, al basar sus líneas programáticas en una expansión radical del «Estado Social», reduciendo el rol del mercado y aumentando la burocracia estatal. Amenaza la libertad económica, la estabilidad fiscal, la autonomía de la familia y la preservación de valores tradicionales. Además, no se hace cargo real de la crisis de orden y seguridad pública que afecta gravemente al país.
Finalmente, no se debe olvidar que el Partido Comunista chileno y la candidata Jara validaron al octubrismo, y la extrema izquierda aún tiene pendiente hacer realidad todos los preocupantes lineamientos que esbozaron en la primera propuesta de Constitución. Por este motivo, Chile tiene la responsabilidad de elegir entre dos caminos completamente opuestos y antagónicos: el camino de la libertad y el respeto a la institucionalidad con José Antonio Kast, o el camino de un Estado asfixiante, woke y anti-empleo con Jeannete Jara.