«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
«Dato mata relato», señaló el escritor argentino

La batalla cultural del Gobierno de Milei: los avances en defensa de la vida, de la seguridad, contra el globalismo y contra el gasto político

El presidente de Argentina, Javier Milei. Europa Press.

El escritor y analista argentino Agustín Laje publicó este lunes un extenso hilo que ha generado un fuerte impacto en el debate político hispanoamericano. Su objetivo fue responder a un pequeño sector de la derecha —»no más del 5%», según él— que acusa al presidente Javier Milei de no estar librando la batalla cultural. La réplica no sólo fue contundente, sino también exhaustiva: «Dato mata relato«, sentenció al presentar una lista que, en menos de dos años de gobierno, muestra una ofensiva cultural y política inédita contra el progresismo en Argentina.

Laje comenzó por el núcleo duro de la disputa: la defensa de la vida y la familia. Recordó el cierre del Ministerio de la Mujer, Géneros y Diversidades, el fin de la perspectiva de género en el Ejecutivo, la reforma de la Ley de Identidad de Género que prohibió hormonizaciones y mutilaciones en menores, la suspensión de compras estatales de fármacos abortivos y el incremento del 500% del Plan Primeros 1000 Días. También destacó que Milei define públicamente el aborto como «asesinato agravado por el vínculo», que la Casa Rosada celebra el Día del Niño por Nacer, que se han eliminado contenidos ideologizados de la ESI en plataformas oficiales y que se prohibieron los traslados carcelarios por «cambio de género».

En el terreno internacional, Laje repasó un giro sin precedentes. Argentina volvió a defender el derecho a la vida desde la concepción en la ONU y la OEA; reivindicó el concepto biológico de mujer frente a la ingeniería de género; rechazó documentos que promovían los llamados «derechos sexuales y reproductivos»; abandonó la Agenda 2030, el Pacto del Futuro y el Acuerdo de Pandemias de la OMS; fue el único país que frenó cláusulas que favorecían la pornografía infantil en el Tratado de Ciberdelincuencia de la ONU; bloqueó iniciativas que buscaban crear sistemas de justicia paralela para pueblos originarios; y rechazó resoluciones que incentivaban la inmigración ilegal. Laje recordó además que Milei enfrentó al Foro de Davos «en su propia casa», denunciando el globalismo, el wokismo y la «subtrama pedófila» de la ideología de género, y que Argentina ha sido una de las primeras naciones en denunciar en organismos internacionales la persecución de cristianos.

Otro frente clave es el de los aparatos ideológicos del Estado. Laje enumeró el cierre del INADI, la clausura de Télam, la intervención de la TV Pública, el fin de la pauta estatal a medios, las auditorías a universidades y al CONICET, la creación de mecanismos oficiales para denunciar adoctrinamiento escolar —con más de dos mil casos registrados en 2025— y la transformación del Centro Cultural Kirchner en el actual Palacio Libertad. Según él, el gobierno ha comenzado a desmontar los privilegios de artistas, rectores y burócratas que habían convertido al Estado en una plataforma militante.

En cuanto a la batalla por la historia, Laje subrayó un cambio total en la narrativa oficial. El setentismo dejó de ser política de Estado; se desmintió oficialmente la cifra de los 30.000 desaparecidos; se reconoció al terrorismo de izquierda como autor de crímenes de lesa humanidad en casos como los de Ibarzábal y la familia Viola; se recortó el financiamiento a agrupaciones de derechos humanos utilizadas como brazos políticos del kirchnerismo; se renombró el Salón de las Mujeres del Bicentenario como Salón de los Próceres; y se reivindicó a figuras históricas denigradas por la izquierda, como Julio Argentino Roca o Juan Bautista Alberdi.

Laje también destacó el cambio en seguridad y defensa, donde el «abolicionismo penal» fue reemplazado por la doctrina del «que las hace, las paga». Señaló la aprobación de leyes como la de Reiterancia y Antimafias; el fin de los piqueteros; el pleno respaldo a las fuerzas de seguridad; la modernización de las Fuerzas Armadas; el nombramiento de un militar como ministro de Defensa por primera vez desde 1983; la declaración de organizaciones como el Cártel de los Soles, Hamas o la RAM como grupos terroristas; y la aplicación de una política migratoria estricta de expulsiones y controles reforzados.

En política regional, la postura de Milei es, según Laje, inequívoca: confrontación abierta con el socialismo del siglo XXI, ruptura simbólica y diplomática con el kirchnerismo continental y alianza estratégica con Estados Unidos, que se consolidó tras el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. «Hasta trapea el piso con Sánchez», añadió Laje en referencia a los duros cruces con el presidente español y a su postura general contra los presidentes izquierdistas en Iberoamérica, como Lula, Sheinbaum, Maduro, entre otros.

El plano simbólico, que para la izquierda siempre ha sido un terreno de poder, tampoco quedó intacto: fin del lenguaje inclusivo en el Estado, retirada de banderas LGBT, restauración del Día de la Raza, regreso del Día del Niño, vuelta de los desfiles militares, incorporación del pesebre en la Casa Rosada, reconocimiento de la Virgen de Luján como Generala de Gendarmería y recuperación del respeto por los símbolos patrios. Para Laje, estos gestos consolidan un clima cultural donde ya no es tabú identificarse como de derechas y donde la juventud argentina «ha girado masivamente hacia posiciones patrióticas y conservadoras».

El analista concluyó con una advertencia y una invitación: la batalla cultural no es un espectáculo para espectadores, sino un esfuerzo político y moral que exige disciplina, convicción y participación activa. «La batalla cultural no se mira desde afuera ni se comenta desde la tribuna: se pelea adentro«, escribió. «Lo que está en juego es mucho más grande que cada uno de nosotros», añadió.

Según Laje, los hechos muestran que, lejos de haberse abandonado, la batalla cultural en Argentina no sólo se está dando: se está ganando más allá de las críticas de un mínimo sector.

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