El partido que alguna vez llegó a rozar el 60 % de los votos podría ni siquiera superar el 10%
La izquierda se desmorona en Bolivia y el presidente Arce clama auxilio ante una derrota electoral inminente
La izquierda se desmorona en Bolivia y el presidente Arce clama auxilio ante una derrota electoral inminente
El presidente de Bolivia Luis Arce junto al ex presidente de México López Obrador. Europa Press
Por Santiago Carranza-Vélez
18 de julio de 2025

El socialismo boliviano se hunde, y su máximo representante ruega ahora una tabla de salvación. A menos de un mes de las elecciones generales, Luis Arce ha hecho un desesperado llamado a la unidad de las fuerzas progresistas, en un intento por frenar lo que ya parece un derrumbe irreversible del Movimiento al Socialismo (MAS) y una derrota histórica del oficialismo frente al avance sostenido de la derecha.

Según las últimas encuestas, el partido que alguna vez llegó a rozar el 60 % de los votos podría ni siquiera superar el 10% requerido para mantener su personería jurídica. El candidato oficialista, Eduardo del Castillo, designado por Arce para contener la guerra interna con los seguidores de Evo Morales, no llega ni al 2 % de intención de voto. Un batacazo que amenaza con desintegrar al MAS y acabar con más de dos décadas de hegemonía izquierdista.

Desde una rueda de prensa de este jueves que rezumaba nerviosismo, Arce trató de posicionarse como «catalizador» de la unidad de la izquierda, sugiriendo que el Gobierno aún puede servir como punto de encuentro para aglutinar a un bloque progresista ante la inminente derrota. Con tono resignado, recordó que ya renunció a su reelección para facilitar una coalición y reprochó, sin mencionar nombres, a quienes «no entendieron» su gesto.

Pero a estas alturas, sus apelaciones suenan más a clamores de último recurso que a una estrategia política coherente. El MAS, fracturado entre arceístas, evistas y nuevos actores, ha perdido toda capacidad de articular un proyecto común, mientras que la oposición crece en las encuestas y se presenta con un perfil mucho más competitivo y plural.

La candidatura mejor posicionada del campo izquierdista radical, la de Andrónico Rodríguez, tampoco parece dispuesta a inmolarse por el MAS. El portavoz de su alianza, Félix Ajpi, fue claro: «no podemos bajar la candidatura de Andrónico», aunque aceptan conversar. Una forma diplomática de decirle a Arce que el liderazgo ya cambió de manos.

Mientras tanto, en el otro lado del tablero, el exministro socialdemócrata Samuel Doria Medina (19,6 %) y el expresidente Jorge «Tuto» Quiroga (16,6 %) encabezan los sondeos, superando con holgura a cualquier opción del oficialismo. Rodríguez queda tercero, con un 13,7 %, en un escenario donde los antiguos caudillos del socialismo quedan reducidos a actores marginales.

Todo ello ocurre en medio de una profunda crisis económica, con escasez de dólares y combustible, y una violencia política creciente que ya ha dejado varios muertos. Y como telón de fondo, la figura de Evo Morales sigue enturbiando la escena, protegido por sus círculos mientras sigue pendiente de una investigación por trata de menores, caso del que el oficialismo prefiere no hablar.

Bolivia se encamina hacia una elección decisiva. Y esta vez, todo indica que la era del socialismo chavista, plagada de corrupción, abusos y fracasos económicos, podría llegar a su fin con estrépito. El último recurso de Arce —la unidad artificial de una izquierda dividida— parece tan forzado como tardío. La derecha huele la victoria. Y la izquierda, la desesperación.

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