
La pobreza en Argentina ha caído a su nivel más bajo desde el primer semestre de 2018, marcando un hito en la evolución reciente de la economía del país en plena etapa de reformas impulsadas por el presidente Javier Milei.
Según los últimos datos difundidos por el organismo oficial de estadística, en la segunda mitad de 2025 el 28,2% de la población se encontraba por debajo del umbral de pobreza, una mejora significativa respecto al 31,6% registrado en los seis primeros meses del año. Este indicador se calcula en función de los ingresos necesarios para cubrir una cesta básica de bienes y servicios.
La reducción de este índice se ha visto favorecida por varios factores que han actuado de forma simultánea. Por un lado, la política de ajuste fiscal aplicada por el Gobierno y el control sobre la moneda contribuyeron a moderar el ritmo de subida de precios. Por otro, el refuerzo de las ayudas sociales —gestionadas de forma directa, sin intermediarios— también ha tenido impacto en los hogares más vulnerables. En este sentido, el ministro de Economía, Luis Caputo, atribuyó la mejora a la combinación de crecimiento económico, desinflación y ampliación de la asistencia estatal.
No obstante, el proceso de desaceleración de la inflación ha perdido fuerza en los últimos meses. Aunque el país logró pasar de un incremento mensual del 25,5% en diciembre de 2023 a un 2,9% en febrero de este año, la tendencia se ha estabilizado desde mayo de 2025. Además, las previsiones apuntan a un posible repunte a corto plazo, influido por el encarecimiento de la energía en el contexto internacional, especialmente tras las tensiones derivadas del conflicto con Irán, que han elevado el precio de los combustibles en torno a un 15% desde comienzos de mes.
El comportamiento de la economía argentina refleja, en paralelo, una recuperación desigual. Sectores vinculados a los recursos naturales y las finanzas, como el petróleo, el gas o la minería, muestran dinamismo, mientras que actividades con mayor capacidad de generación de empleo, como la industria manufacturera o la construcción, atraviesan una fase de contracción.
Este desequilibrio también se deja notar en el mercado laboral. La tasa de desempleo se situó en el 7,5% al cierre del pasado año, el nivel más alto para un cuarto trimestre desde la pandemia, lo que evidencia que la mejora macroeconómica aún no se traslada de forma homogénea a toda la población.
Pese a estas tensiones, las perspectivas económicas mantienen un tono optimista. El último informe del banco central argentino recoge que los analistas esperan un crecimiento del 3,4% para este año, lo que sugiere que la actividad continúa avanzando, aunque con importantes desafíos por delante.